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OLIMPO

SANTUARIO ATENEA

ASGARD
IMPERIO SUBMARINO

Mitología griega
La leyenda de la Atlántida
Los 7 Pilares oceánicos

INFRAMUNDO

El Hades mitológico

Tauro Aldebarán (España)

SUMARIO

Introducción
El viaje de las sombras
Los Personajes del Inframundo
Prisioneros célebres del Tártaro
Mitos del Hades
El descenso de Hércules al Hades
Orfeo y Eurídice
Minta y Leuque

Introducción

El diseño del Hades de Kurumada difiere en muchos aspectos con el Hades mitológico del cual se inspira, vale la pena analizar uno y otro para tener ambos puntos de vista. La versión griega del más allá resulta más sencilla que la versión de Dante (Divina Comedia) que aparece en Saint Seiya. Así pues, olvídense de prisiones, círculos infernales y castigos para los pecadores... aquí tenéis un mapa completo, que intentaremos analizar globalmente, esperamos que os resulte interesante, hemos resaltado los términos utilizados por Kurumada en su versión para que apreciéis mejor las diferencias.

Se dice que habiendo logrado la victoria en la Titanomaquia, tras diez años de guerra, tras la derrota de Cronos, los tres hijos victoriosos de este y Rea, los Olímpicos (Zeus, Poseidón y Hades) dividieron el botín entre ellos, procedieron a repartirse el reino de su padre. De este modo Zeus acabó quedándose con el cielo, Poseidón con los mares y, por último, Hades con el inframundo, donde no sólo estaba el reino de los muertos, sinó también todo cuanto se encontraba bajo la superfície de la tierra, de ahí que se le asociara con las riquezas de esta, como las cosechas y los minerales. Ello explica porque los romanos lo conocieron con los nombres de Plutón o Dis, que significan "rico".

Procedieron entonces a encerrar a los derrotados Titanes en el Tártaro. Sin embargo, dado que durante la guerra las Titánides (es decir, Tea, Rea, Temis, Mnemósine, Febe y Tetis junto a su esposo Océano) habían permanecido neutrales, no fueron castigadas por Zeus. Los Hecatónquiros quedaron montando guardia sobre ellos hasta que, con el tiempo, Zeus los liberó a todos salvo a Atlas.

El nombre de Hades puede prestarse a confusión, porque los antiguos griegos lo utilizaban indistintamente para denominar al dios que reinaba el inframundo y para designar al mundo subterráneo mismo donde se encuentran encerradas las sombras de los seres humanos muertos y algunas criaturas mitológicas como los Titanes. Hades es conocido como un dios lúgubre y amenazador, aplicando a todos sin discriminación la ley de su reino, no se lo considera malo, ni satánico o injusto. Su reino es una prisión de la cual él es su guardián (a menudo se lo representa con una llave en su mano).

El Más Allá en muchas culturas es la imagen simbólica de la vida después de la muerte, representa la separación del reino de los vivos y el de los muertos. Ambos mundos en muchas de estas concepciones estaban separados por un río que era necesario franquear, pero por lo general evitan, sin embargo, una descripción exacta del más allá, representándolo únicamente, según sea el caso, con la isla de los bienaventurados, el Paraíso, los cielos, así como por el purgatorio, los Infiernos o un mundo subterráneo no bien definido.

Por su parte el infierno, por lo general, aunque no siempre, es un lugar de tormentos destinado a los malvados después de la vida terrestre. En los tiempos homéricos todavía no es más que un lugar a donde van todas las sombras de los muertos, envuelto en niebla eterna, oscuro y triste, tanto así que interpelado Aquiles por Ulises durante la visita de éste el heroe asegura que "preferiría ser un jornalero en las tierras de mi padre, sin herencia ni poseciones, que el rey de todas las huestes de los difuntos", por lo que parecen ser más tardías las nociones ante los tres jueces del mundo subterráneo : Minos, Eaco y Radamante, y es probable que la noción del juicio fuera adquirida a partir de las creencias egipcias.

En casi todas las mitologías del mundo el más allá de la muerte es oscuro y complejo, y los griegos no eran la excepción. Los griegos eran amantes de la vida, el ideal heroico al que aspiraban consistia en alcanzar la gloria en vida, creían que al morir, las almas de las personas descendían al inframundo, y, según sus obras en vida, eran dirigidas a un lugar donde pasarían toda la eternidad. De vez en cuando los dioses recompensaban a aquellos mortales por los que habian sentido un amor especial en vida, concediéndoles la inmortalidad en la forma de una estrella, una constelación o una planta.

El Inframundo

Según Homero, en su obra la Odisea, el Inframundo se encuentra más allá del horizonte occidental, situado en una región privada de sol, más allá del gran río Océano que rodea a la Tierra y las puertas del Sol (poniente), en una costa donde se elevan grandes cantidades de álamos negros. Así le indica Circe a Odiseo (Ulises) como encontrar una de las entradas.

Cuando los griegos descubrieron nuevas partes del mundo, otra tradición localizó los Infiernos en el centro de la Tierra, y se conectaba con el mundo de los vivos por cavernas insondables y ríos subterráneos. Los fantasmas eran llevados por Hermes Psicopompo (el que guía a los muertos) a través de los hoyos en la Tierra hasta su destino final de descanso en el Hades. Dentro de la mitología griega existían diversas localizaciones donde se consideraba que se encontraba un acceso al inframundo, al cual llamaban genéricamente Hades, Erebo o Tártaro (ya que existían diversos niveles dentro del mismo).

La tierra de los muertos del mundo antiguo no ha sido visitada por demasiada gente que viviera para contarlo y aquellos que no murieron, bueno … digamos que Orfeo fue un músico, no un cartógrafo; héroes como Eneas y Ulises estaban más interesados en encontrar y hablar con fantasmas que en describir el inframundo, Hércules tenia que cargar con un perro y que no lo mordiera por el camino, para estar mirando … así que pocas referencias literarias nos dan una idea de lo que los antiguos griegos y romanos creían que encontraría allí después de que se cruzara la barca de Caronte.

El reino de Hades se sistematiza y se le atribuyen varias secciones:

- El Erebo: Con su palacio de la noche, del sueño y de los sueños, allí residían Cerbero, las Furias, la Muerte y los fallecidos insepultos.
- El infierno de los malvados: Devorados por el remordimiento, sometidos al río glacial de los lagos helados, así como a los vapores ardientes de las llamas.
- El Tártaro: Cárcel de los dioses, rodeado de un triple muro de bronce que sostenía los fundamentos de los océanos y de la tierra.
- Los Campos Elíseos: Residencia de los bienaventurados una vez cruzado el Erebo.

El reino de los muertos era controlado por Hades, uno de los doce grandes dioses olímpicos (Hades habitualmente es excluído de la lista de los 12 dioses olímpicos porque su reino era lo contrario del Olimpo celestial), y su mujer Perséfone.

Este imperio, al que se da a menudo el nombre de su soberano, estaba, según la Ilíada, situado bajo lugares secretos de la Tierra. Según la Odisea, el camino que conduce hasta allí pasa bajo los confines de la Tierra y cruza el océano primordial. Los poetas menos antiguos dicen que comunica con la tierra por numerosas entradas situadas en cavernas, grietas y lagos profundos.

Entradas al Inframundo

La entrada de los infiernos griegos se dice que está en un lugar donde se elevan grandes cantidades de álamos, cerca del mar, y por la que corre un río: los infiernos fueron en efecto rodeados por todos lados por varios ríos, entre ellos el Estigia, y es que Hermes conducía a las sombras de los muertos para que fueran transportados por Caronte. Una vez embarcadas, las sombras cruzaban la llanura de Asphodelos: lugar cubierto por una niebla oscura y árboles sombríos con ramas caídas que barren el suelo moviéndose lúgubremente, los menos afortunados de los mortales pasaban la eternidad vagando sin rumbo. Aquellos que no podían permitirse pagar el óbolo eran abandonados en la rivera para siempre.

Pero ¿dónde se encontraban la entrada o entradas hacia ese infierno griego según los antiguos griegos? ...

Varios lugares de entradas fueron determinados. La mayoría se encuentran en Grecia, cerca de un río o el mar. Otras hipótesis sitúan los infiernos en países lejanos: en Tracia, en la tierra de Escitia (estepas rusas), dominio de los hiperboreanos (en extremo norte del mundo, hoy océano Ártico, algunos suponen que Groenlandia e Islandia son los restos de esta tierra), en la isla de las Hesperides (hoy asociadas a las islas canarias, ubicadas en el occidente, donde se pone el sol); en la isla de Leuca (o Isla Blanca, una isla mítica dentro del mar Negro), o en Cimeria (la tierra de Conan, ubicada según Homero en el noroeste del mundo, más allá del río océano). Otra era el Tanaerum, extremo sur en Laconia, Peloponeso, al sur de la Grecia continental, por donde se supone que Heracles descendió al inframundo en el último de sus doce trabajos (ir en busca de Cerbero, el perro de tres cabezas que guardaba la entrada del Hades), otras versiones dicen que Heracles entró a través de la Cueva Aquerusia, una gruta a orillas del rio Aqueronte (en este caso es un río que está situado en el Epiro, región noroccidental de Grecia) y que se asumía era una bifurcación de río infernal. No está claro si Heracles regresó a este mundo a través de la salida en Trecén o a través de que a Hermione (la ciudad frente a la isla de Hidra en Argólida oriental), o si lo hizo a través de la salida en el Monte Laphystius en Beocia. Otra estaba situada en la Cueva de Drach, en Mallorca, isla de España en el mar Mediterráneo. En Italia una de estas entradas estaba en el monte Etna, donde también se consideraba que se encontraba la fragua del dios herrero Hefesto. Para los romanos la entrada más famosa, por donde entró Eneas, estaba situada un cráter cercano a la ciudad de Cumas, cráter conocido como Averno, Averno deriva del griego, aornos que significa sin pájaros; y se trata de un lago de agua dulce al sur de Italia, en Campania, cerca de Nápoles. Este nombre viene dado por las emanaciones desde del interior del volcán de diversos vapores nocivos sulfurosos y fétidos. Al parecer estos gases hicieron que la vida en el interior del lago y en sus proximidades fuera casi imposible ya que todas las especies de pájaros perecían si se asentaban en el mismo. El lago tiene unos tres kilómetros de circunferencia y ocupa el cráter de un volcán extinto. Virgilio, poeta romano muy afamado lo consideró por su aspecto tenebroso como la boca del infierno y su visión subjetiva inspiró una de las tradiciones más asentadas en la tradición romana, ya que de hecho el inframundo recibió el nombre de Averno partir del que se le daba al propio cráter.

El país infernal sería un lugar frío, nebuloso, oscuro y solitario. Las investigaciones que proporcionan la mayoría de explicaciones más convincentes son las que muestran la entrada del Hades en el lago Averno situado en Italia. El lago Averno (Italia) está situado no lejos de Capri, consagrado a Plutón (Hades para lo romanos). Sus aguas estancadas y quizás sulfurosas exhalan olores nocivos y repugnantes. Las aves que sobrevuelan el lugar caen asfixiadas, de ahí su nombre. Se cree que comunica con los dominios infernales, en sus bordes se sitúa el oráculo de las Sombras mencionado por Homero, y que Ulises vino a consultar a su regreso.

Estrabón dice que el lago está rodeado por árboles cuyas cimas forman una cubierta inclinada impenetrable a la luz del sol. Añadió que la madera había sido cortada por orden de Augusto, para purificar el aire. Lo cierto ess que ahora los pájaros vuelan de forma segura sobre las aguas de este lago de la Campania.

Según Homero, el Hades se situa en una región privada de sol, más allá del gran río Océano, que rodea a la Tierra. Cuando los griegos descubrieron nuevas partes del mundo, otra tradición localizó los Infiernos en el centro de la Tierra: se conectaban con el mundo de los vivos por cavernas insondables y ríos subterráneos, como el Aqueronte, uno de los cinco ríos de los Infiernos, que brotaba en el Norte de Grecia.

La llegada de las almas al inframundo

Los griegos creían que al morir, las almas de las personas descendían al Inframundo, y según sus obras, era a donde terminarían por toda la eternidad, juzgadas después de la muerte y, cuando procedía, eran castigadas en las oscuras regiones infernales del mundo subterráneo, el Erebo y el Tártaro.

El Erebo es el lugar de paso que cruzan las sombras a partir del momento de la muerte. Al Erebo iban todas las almas de la gente común y corriente. Se convertían en meras sombras que anhelaban únicamente ser recordadas en vida y que se les hiciesen sacrificios de sangre, para volver a sentirse vivos, aunque fuera por poco tiempo.

El Tártaro es el lugar más profundo, es la prisión de los titanes hijos de Gea y también de los humanos malévolos, los peores criminales como Tántalo, así como todos aquellos desafortunados que hubiesen sido castigados por los dioses (o se hayan metido en asuntos que no les debían importar) un lugar oscuro y funesto, habitado por formas y sombras incorpóreas.

Con todo, no existe a menudo ninguna distinción entre estas dos regiones, y los dos nombres se emplean a su vez (sobre todo el Tártaro), para designar al mundo subterráneo. Para Homero, este reino es un “mundo vago y sombrío habitado por sombras”, nada allí es de verdad real. La “existencia” de los espíritus no es más que un miserable sueño. Más tarde, los poetas dirán del reino de los muertos que es un lugar donde los malévolos son castigados y los justos recompensados. Sin embargo, los Infiernos englobaban también los Campos Elíseos o islas de los bienaventurados, lugar paradisíaco donde residían los almas virtuosas, allí iban a parar las almas de aquellos favorecidos por los dioses (Aquiles, Medea, Aiacos, etc.).

Cuando un muerto es sepultado, sea bueno o malo, el dios mensajero Hermes guía su sombra (alma) a las profundidades de la tierra para ser juzgada y conocer su destino final. Un lugar subterráneo, oscuro y funesto, habitado por formas y sombras incorpóreas. Se decía que los muertos descendían al Hades como fantasmas, espíritus o sombras. Entrando por cavernas, hasta los umbrales del Erebo (reino de las tinieblas), un mundo rodeado por ríos de aguas lentas y estancadas. En la penumbra de las profundidades, los espíritus llegan a un ancho río de aguas turbulentas, el Aqueronte, entonces la sombra alquila un puesto en la barca del barquero Caronte, que le permite cruzar hasta la otra orilla del Estigia que separa el mundo de los vivos y del mundo de los muertos. Aquellos muertos insepultos (sin la moneda para cruzar), quedaban en la orilla y caminaban por la gran ciénaga (del tamaño del Mediterráneo) hasta alcanzar la orilla del Cocito, donde lloraban su suerte, atrapados cuales fantasmas entre ambos mundos.

A diferencia de los mitos comunes sobre el Cielo y el Infierno, el Hades no era un lugar de tormento eterno ni un paraíso. Se decía que tres figuras se encargaban de juzgar a los espíritus neófitos, aunque no se tiene muy claro cual era el resultado de tales juicios. Las únicas entidades que sufrían tormento perpetuo eran los Titanes, encerrados en el Tártaro, un abismo vacío y oscuro, vigilado por los Hecatonquiros (gigantes de cien brazos) como castigo por haber desafiado a Zeus y a los otros dioses. Además, unos pocos mortales favorecidos por los dioses escapaban de la existencia fantasmal a la que estaban destinados en la residencia de Hades. Se decía que estos mortales habían sido enviados a una especie de oasis en el Hades llamado "Las Islas de los Bienaventurados" o el "Elíseo". Allí gozaban de la inmortalidad, disfrutando los placeres de la vida sin necesidad de trabajar. Nunca se explicó como se podía ganar el favor de los dioses.

HADES y PERSÉFONE
Fanart de Carlos Alberto Lam Reyes (Perú)

Según Virgilio, el único poeta que describió los Infiernos con precisión, se desciende al Hades por una senda que conduce a un lugar donde el río Aqueronte (río de las aflicciones) se junta con el Cocyto (río de los gemidos). Allí, un viejo pasador de fronteras inmortal, el barquero Caronte, toma en su barca a las almas de los muertos y los transporta a través de estas aguas sobre la otra orilla, donde se encuentra la puerta que conduce al Tártaro. Caronte sólo toma las almas de aquellos que le abonan el peaje, un óbolo, moneda depositada por sus prójimos en la boca del cadáver en su ceremonia fúnebre.

La barca de Caronte cruzaba varios ríos siniestros que separaban el mundo subterráneo del mundo superior. Además del Aqueronte y del Cocyto, hay otros 3 ríos: el Phlegetonte, Phlegethon o Pyriphlegethon (río de fuego), el Lethe (río del olvido) y el Styx (río de los juramentos irrevocables), que es el más famoso de todos y que rodeaba los Infiernos, por el cual juraban los dioses.

Las puertas del Hades y Can Cerbero

Los espíritus guiados por Caronte llegaban entonces al otro lado del caudal, hasta las puertas de las murallas del reino de Hades, vigiladas por el horrible y gigantesco Cerbero (perro guardián de tres cabezas y cola de dragón, fiel servidor de Hades). Pese a su aspecto, esta bestia no hacía ningún daño a las sombras de los muertos, de hecho deja entrar a las sombras pero no las deja nunca salir; aunque asesinaba a cualquier ser vivo que se acercara.

Según la mitología, Cerbero era hijo de Tifón y Equidna, y era el guardián de los infiernos. El can sólo fue vencido cuatro veces. Una por Orfeo, que consiguió entretenerlo con la música de su lira, otra en combate por Hércules, que en lucha abierta consiguió encadenarlo y se lo llevo a la superfície, y fue el único período en que Cerbero ha abandonado la entrada del reino de Hades. Psique para superar la cuarta prueba de Afrodita debe ir al Hades a buscar un cofre. Para ello lleva un sopa con la que distrae al can. Eneas fue el último que venció al perro monstruoso, lo durmió gracias a una comida especial preparada por Sibila.

Tras cruzar las Puertas del Hades estas quedaban completamente cerradas y nadie podía volver. Tras estas tienen su morada los hijos de Nix (la noche) y los hijos de estos: Moros (el destino) y las oscuras Keres (muertes trágicas), Tanatos (dios de la muerte), Hipnos (dios de sueño) y su tribu de Oniros (los Sueños), Momos (la crítica) y las dolorosas Oizís (dolores), se incluyen los malos placeres como Apate (el engaño) y Filotes (la lujuria), también Geras (la vejez) y la terrible Eris (la Discordia). Y junto a las puertas habitan también otras bestias: Centauros, Gorgonas, Hidras, Quimeras, Harpías y muchas más. Virgilio describiendo el viaje de Eneas, pone la morada de todos estos seres frente a las rejas del infierno; antes de cruzar la Estigia, donde puede verse un gran Olmo y los falsos sueños cuelgan debajo de cada hoja. Existían además otras dos puertas para que entraran y salieran los sueños, una hecha de cuerno para los sueños verídicos, otro hecha de marfil para los sueños falsos; lo que no cuadra del reino de los sueños fuera de las murallas del Hades (según Virgilio con su olmo) es que Eneas regresa a través de la puerta de marfil, al parecer ubicada en tierras Elíseas (no se devolvió todo el camino de regreso).

La planicie del Juicio y el palacio de Hades

Los espíritus cruzan el Erebo, por el Valle de los lamentos, escoltados por Cerbero en su camino a la Planicie del Juicio, donde los tres jueces, elegidos por su gran sabiduría y por la vida ejemplar que habían llevado, hacen el juicio de las sombras. Estos expiden a los justos hacia un mundo de delicias (los Campos Elíseos o Elysion, o islas de los bienaventurados, donde residían los almas de los hombres virtuosos) y, cuando procedía, a los malos hacia los sufrimientos eternos, siendo castigados a las oscuras regiones infernales del Erebo y el Tártaro. Sus juicios no se tienen siempre en cuenta sin embargo. Éaco juzgaba a los europeos y Radamantis a los asiáticos (que incluía para ese entonces a los africanos) en primera instancia, ante la duda intervenía Minos. Dicho proceso era observado por Hades, Perséfone, Hécate y las Erinias.

En alguna parte en esta extensa región del Erebo, en medio de la oscuridad del mundo inferior, se ubica también la morada de Caronte y el palacio de Hades y Perséfone. Este nunca fue descrito de verdad, excepto para decir que está formado de innumerables puertas y estancias, provisto de colosales columnas, oscuro y tenebroso, repleto de espectros, situado en medio de campos sombríos y de un paisaje aterrador. Un tétrico pasadizo conduce a una enorme y austera habitación, en medio de la cual estaban en su trono de piedra Hades y Perséfone. En su entorno se extienden vastos espacios fríos, y los campos de Asfódelos (cubiertos de flores extrañas, pálidas y fantasmagóricas). No se sabe mucho sobre este lugar, los poetas prefieren no centrarse en él.

Frente al palacio, mirando hacia lo campos de Asfódelos, se encontraban dos estanques, el primero se llamaba Mnemósine, cuyas aguas al ser bebidas hacían recordar todo y alcanzar la omnisciencia, ubicado bajo la sombra de un álamo blanco, que era la oceánida Leuce amada por Hades y trasformada en árbol por Perséfone (de sus ramas Heracles hizo la corona con que ciñó su cabeza al volver del más allá); el segundo eran las aguas de Leteo, estaba debajo un ciprés blanco (que era el árbol del dios Hades y significa duelo, así como el álamo es el árbol de Perséfone y significa lamentación); y era concurrido por aquellos que necesitaban olvidar.

Praderas de los Asfódelos

Si son juzgados como no bondadosos, ni como malvados, las almas son enviadas de nuevo por el ramal principal del Estigia, (tras hacerlos beber de las aguas del Leteo) y llevados hasta las Praderas de los Asfódelos, un lugar gris, chato y nebuloso con árboles de ramas inclinadas hacia el suelo, un lugar plagado de murciélagos, era el lugar más frecuentado, donde la noche y el día no eran más que un eterno crepúsculo. Los condenados se pasaban la eternidad dando vueltas sin objeto. A esta región del Erebo iban todas las almas de la gente común y corriente, convertidos en meras sombras que anhelaban únicamente ser recordadas en vida y que se les hiciesen sacrificios de sangre, para volver a sentirse vivos, aunque sea por poco tiempo, así el único pasatiempo de estas almas era chupar la sangre de los hombres (vampiros), que les permitían volver a la conciencia y responder las preguntas de los vivos (espiritismo antiguo).

Los campos Elíseos

Los bondadosos son enviados a los Campos Elíseos a través del Aqueronte, sitio separado del resto del inframundo por el Río Leteo, este era un tranquilo y apacible lugar donde los espíritus viven en felicidad. Los Campos Elíseos estaban regentados por Cronos. Habitaban allí las almas virtuosas, jugando, bailando y escuchando música todo el día. Las fiestas no cesaban. Los que tenían está suerte podían gozar del privilegio de poder volver a la tierra, si querían, pero pocos aceptaban esta oferta después de haber llegados al paraíso; Para poder reencarnar estas almas debían beber del Leteo, de forma que no recordasen sus vidas pasadas; y aquellos que por tres veces seguidas (reencarnaciones) merecían el Elíseo tenían derecho a vivir en la isla de los Bienaventurados, donde también habitan las Hesperides y sus manzanas doradas. Según Virgilio, las almas buenas, después de mil años, se les borra la memoria y se les manda nuevamente a la tierra en otros cuerpos.

El Tártaro

Los malvados eran enviados a la región del Tártaro a través del río Flegeton, tierra situada en las profundidades extremas, donde reina una noche eterna. En la entrada había una enorme puerta de bronce cerrada por dentro, que sólo se abría para recibir a los muertos que iban llegando. El Tártaro era un lugar de penas y condenación eterna reservado a los malvados o aquellos que habían desafiado a los dioses, es la prisión de los titanes y también humanos malévolos como Tantalo, todos aquellos desafortunados que hubiesen sido castigados por los dioses (o se hayan metido en asuntos que no les debían importar). Estaba rodeado de altas murallas donde los gritos de angustia resonaban sin cesar. Virgilio situaba en esta parte del mundo subterráneo a las Furias (o Erinias) dónde se castigan a los culpables.

Habiendo logrado la victoria en la Titanomaquia, tras diez años de guerra, tras la derrota de Cronos, los tres hijos victoriosos de este y Rea, los Olímpicos (Zeus, Poseidón y Hades) dividieron el botín entre ellos, procedieron a repartirse el reino de su padre. De este modo Zeus acabó quedándose con el cielo, Poseidón con los mares y, por último, Hades con el inframundo, donde no sólo estaba el reino de los muertos, sino también todo cuanto se encontraba bajo la superficie de la tierra, de ahí que se le asociara con las riquezas de esta, como las cosechas y los minerales. Ello explica porque los romanos lo conocieron con los nombres de Plutón o Dis, que significan “rico”.

Procedieron entonces a encerrar a los derrotados Titanes en el Tártaro. Sin embargo, dado que durante la guerra las Titánides (es decir, Tea, Rea, Temis, Mnemósine, Febe y Tetis junto a su esposo Océano) habían permanecido neutrales, no fueron castigadas por Zeus. Los Hecatónquiros quedaron montando guardia a las puertas del Tartaro.

Los ríos del inframundo

El reino de Hades está rodeado por cuatro ríos subterráneos, el Estigia (río del odio), el Aqueronte (río de la aflicción), el Leteo (río del olvido) y el Flegetonte (río del fuego), donde todos concurren a una gran laguna o ciénaga central conocida como Aquerusian o como la parte ancha de la Estigia (depende según autores cual río es el más importante). A estos cuatro grandes ríos algunos autores le agregan el Cocito (río del llanto), una vertiente de Estigia o del Aqueronte y el Eridanos (un río mítico de Hiperboria, que algunos luego identificaron con el Danubio y que Virgilio también ubicó en el infierno).

Aqueron/Aqueronte
El Aqueronte (río de la aflicción o tristeza), río que por dar de beber a los Titanes durante su guerra contra los Olímpicos, fue condenado por Zeus a ser uno de los ríos del reino subterráneo y que atraviesa desde los campos Elíseos hasta llegar al Erebo y soltar sus aguas en la ciénaga.

En Grecia el río Aqueronte o Aquerón está situado en el Epiro, región noroccidental de Grecia y se creía que era una bifurcación del río del inframundo. Caronte porteaba las almas de los recién fallecidos hasta el Hades. Se cuenta que en sus aguas todo se hundía salvo la barca de Caronte, que accedía a pasar las almas de los difuntos a cambio del óbolo o moneda que se ponía a los muertos en la boca para pagarle. Los griegos asentados en Italia identificaban el lago al que desembocaba el Aqueronte con el lago Averno.

Platón lo identificaba como el segundo mayor río del inframundo, sobrepasado sólo por el Océano, afirmando que el Aqueronte corría en la dirección opuesta a la del río Océano, por debajo de la tierra bajo lugares desérticos. Como todos los ríos es hijo de Océano y Tetis, y fue padre de Ascálafo con Orfne (Nix) o Gorgira (Estigia), dos ninfas del inframundo.

En el Infierno de La divina comedia de Dante, el río Aquerón constituye el borde del infierno, bordeando el primer circulo infernal de los no bautizados.

Flegetonte/Piriflegetonte
El Flegetonte (flamígero) o Piriflegetonte (llameando de fuego) es un río de fuego que corre por el Hades. Es un afluente del Aqueronte y se le considera hijo del Cocito. Por él corría fuego que ardía pero que no consumía combustible alguno. Las almas condenadas al pozo del Tartaro eran enviadas por el Flegetonte, el cual circundaba todo el Tartaro, creando un anillo de fuego alrededor y siendo la primera barrera, seguida de tres altas murallas que aislaban al Tartaro de otras regiones infernales.

En La divina comedia (canto XIV) el Flegetonte estaba compuesto de sangre hirviendo y formaba parte del séptimo círculo del Infierno, conteniendo las sombras de los tiranos, los asesinos, los ladrones y los culpables de pecados relacionados con la violencia hacia los semejantes. El minotauro y los centauros cuidaban este circulo.

Cocito
El Cocito (río de las lamentaciones) es un río del Hades por cuyas orillas vagaban los que no podían pagar a Caronte, según la mayoría de las fuentes durante 100 años. Era un afluente del Aqueronte (o del Estigia, según otras versiones) y era alimentado por las lágrimas de los ladrones, los pecadores y de todos aquellos de mala conducta. Presumiblemente su padre era, como con los demás ríos, Océano. Virgilio lo convirtió en uno de los principales río del Hades. Siendo el Cocito el río que delimitaba la frontera entre el reino de los vivos y los muertos, en continuidad con el famoso Aqueronte, del que era un afluente.

En la imaginaria visión del Infierno dada por Dante, el Cocito es un inmenso lago congelado, situado en el noveno círculo del Infierno, aquí se castiga a los traidores, sepultados por el hielo y continuamente afectados por las frías ráfagas de viento producidas por las inmensas alas de Lucifer. Las almas sufren continuamente torturadas por los vientos helados, con las extremidades y los rostros congelados por el extremo frió.

Dante subdivide al Cocito en cuatro zonas o esferas concéntricas: La Caina, donde son castigados aquellos que traicionaron a sus familiares, enterrados en el hielo hasta el cuello; debe su nombre al personaje bíblico Caín. La Antenora, donde son castigados los que traicionaron a su patria, enterrados hasta la cintura, con la parte superior del cuerpo expuesta a los vientos fríos infernales; debe su nombre al personaje Antenor de la Ilíada. La Tolomea, donde son castigados los que traicionaron a sus huéspedes, están recostados con la parte posterior del cuerpo sumergida en el hielo; debe su nombre al personaje Ptolomeo, gobernador de Jericó, quien asesinaba a sus invitados y La Judeca, donde son castigados los que traicionaron a sus amos y benefactores, completamente inmersos en el hielo; debe su nombre al personaje de los Evangelios Judas Iscariote. En el centro de la última de las cuatro zonas concéntricas se encuentra Lucifer, inmerso en una pequeña capa de hielo hasta la cintura, que con su tremenda boca mastica continuamente a los tres mayores traidores de la historia: Casios y Bruto, traidores del César y Judas, el traidor de Jesús.

Lete/Leteo
El Lete o Leteo (Olvido) es uno de los ríos del Hades, quienes beben de sus aguas olvidan todo. Los griegos antiguos creían que se hacía beber de este río a las almas antes de reencarnarlas, de forma que no recordasen sus vidas pasadas. Lete era una náyade, hija de Eris (Discordia); su opuesto era otro río, el Mnemósine (Titanida, diosa de la memoria y madre de las musas con Zeus) cuyas aguas al ser bebidas hacían recordar todo.

Platón cuenta que los muertos llegan a la «llanura de Lete», que es cruzada por el río Ameles (‘descuidado’). En La divina comedia, la corriente del Leteo fluye al centro de la tierra desde su superficie, pero su nacimiento está situado en el Paraíso Terrenal localizado en la cima de la montaña del Purgatorio.

                     
                   
                 
               

Según el mapa que Dionisos dio a Orfeo para encontrar el reino de Hades, este debería llegar al oeste del río Océano, buscar allí una pradera cubierta de asfódela, una maleza de aspecto triste, luego seguir un sendero bordeado de sauces y álamos estériles que lo conduciría hasta la brumosa laguna Estigia, que estaba atravesada por el Aqueronte, río de los infortunios, el Cocitos, río de los lamentos, el Flegetón y el Periflegetón los ríos de fuego, hasta llegar al Leteo, el río del olvido, donde las almas de los muertos bebían de sus aguas para olvidar su existencia terrenal. Para atravesar tan formidable barrera y llegar a Erebos, la morada de los poderes subterráneos, donde existía la completa oscuridad, primero debería convencer al barquero Caronte, anciano sombrío y tétrico que era el único que podía cruzar los ríos malditos, transportando en su chalupa las almas de los muertos rumbo al espacio de las sombras.

Luego ya en las puertas del reino de Hades, la enorme puerta de bronce que iniciaba el camino sin retorno al mas allá, al irascible guardián Cerbero y después nada menos que a las terribles 3 Furias, las diosas de la venganza, Allecto, la que no descansa, Tisifane, la vengadora del crimen y Megara, la celosa, eran las revindicadoras de toda trasgresión humana y las encargadas de fijar el castigo merecido a cada nuevo habitante del reino de las tinieblas, eran inexorables y justas, como Hades, su principio era simple, ojo por ojo, diente por diente. Las indicaciones complementarias para Orfeo fueron, primero tendría que ir en paz y sus únicas armas deberían ser la sinceridad y la confianza. Siempre según Virgilio, las Furias (o Erinias) se sitúan en el mundo subterráneo dónde castigan a los culpables. Los poetas griegos pensaban que estaban encargadas de perseguir a los malos sobre la Tierra.

Hypnos, el Sueño, y Thanatos, la Muerte, residían en el mundo subterráneo de dónde venían los sueños que subían hacia la Tierra, hacia los hombres. Pasaban por 2 puertas: una hecha de cuernos para los sueños verídicos, otro hecha de marfil para los sueños falsos.

El viaje de las sombras

Todas las mitologías del mundo pretenden conferir al universo sensible de lo cotidiano una esencia invisible, sutil, que se podría denominar “alma” o “espíritu”.

La esencia espiritual de objetos impresionantes, como el Sol, se considera naturalmente como un divinidad especialmente potente. Lo mismo sucede con la Luna, la Tierra y los elementos espectaculares del paisaje, como las montañas, los lagos o los grandes árboles.

La contrapartida espiritual del mundo tangible a veces se concibe como un lugar separado. Los mitos hacen a menudo referencia a acontecimientos que tienen lugar en un “mundo-espejo” subterráneo. La tradición céltica habla de “otro mundo”, lleno de magia, misterio y peligro, al que se puede penetrar por grutas o lagos. A pesar de los peligros que hay que afrontar para acceder, se revela, finalmente, como un país de juventud y felicidad eternos.

A veces denominada “sombra”, el alma humana a menudo se ve como una réplica, normalmente invisible, del cuerpo físico. El folclore germánico menciona frecuentemente un “doble” sobrenatural, el Doppelgänger, que tiene la costumbre desconcertante de manifestarse repentinamente, a veces muy lejos de su “original “físico. En toda África, se cree que los brujos infligen sufrimientos o muerte atacando el alma o sombra de sus víctimas para causar a su cuerpo un mal equivalente.

Numerosas tradiciones suponen que después de la muerte el alma humana se desplaza al reino de los difuntos. En África, se crece a menudo que pasa un determinado tiempo en los limbos antes de decidir reaparecer o no sobre la tierra, bajo forma humana. Otras tradiciones indican que hay un juicio angustioso. La mitología egipcia ofrece un cuadro muy impresionante del juicio del difunto por 42 representantes del reino de Osiris, en la sala del trono de este soberano supremo de los mundos infernales. Maat, la diosa de la Verdad, evalúa el peso de la conciencia del individuo con ayuda de una pluma. El alma de quien vivió virtuosamente se une a los dioses en su eterno combate contra Apep, la Serpiente del Caos; en el caso contrario, es devorada por un monstruo.

Para los Griegos, el hermano de Zeus, Hades (Plutón para los Romanos), era el soberano del reino de los muertos, que se situaba, según la “Iliada”, bajo lugares secretos de la tierra, y, según la “Odisea”, más allá de los confines del océano primordial.

El proceso que pasa el espíritu de una persona muerta desde que abandona su cuerpo hasta que es asignado a una región del Hades es el siguiente: una vez que las personas morían, sus almas empezaban una peregrinación hacia el mundo inferior, cuando un muerto es sepultado el dios mensajero Hermes lleva su sombra y la escolta a las profundidades de la tierra, hasta los umbrales del Hades, un lugar tétrico, oscuro y funesto, habitado de formas y sombras incorpóreas, un mundo rodeado por ríos de aguas lentas y estancadas, al cual se accede por una caverna. La entrada se hallaba en una arboleda de álamos negros, muy cercana al mar.

Para los antiguos, el agua era una frontera entre la vida y la muerte. Para ir al Hades, la sombra del difunto debía recurrir a Charon, el barquero inmortal, después de haberle pagado un peaje colocado en su boca por los vivos, con el fin de cruzar varios ríos.

A grandes rasgos, el reino está rodeado por ríos malditos y en parte subterráneos, el gran río llamado Estige o Styx (río del odio) formado por aguas negras y emponzoñosas, que desemboca en la Laguna conocida como Estigia, rumbo a Erebo. El Estigia formaba la frontera entre los mundos superior e inferior, este gran río se compone de varios ramales, de nombres, el Aqueronte (río de la aflicción o tristeza), río que por dar de beber a los Titanes durante su guerra contra los Olímpicos, fue condenado por Zeus a ser uno de los ríos del reino subterráneo y que atraviesa el Elyseo hasta llegar al Erebus, el Lete (río del olvido) del cual se decía que si bebías de sus tranquilas aguas se perdía la memoria hasta que bebieras agua de un río que fluya por el Olimpo, y que se encuentra en el borde exterior del Hades, a las mismas puertas, el Piriflegetonte o Flegetonte (Phiegethon, río del fuego) que llega hasta el Tártaro, y también el Cocytus (Cocito, río de las lamentaciones), otro gran río que rodea el inframundo, río afluente del Aqueronte. Sus aguas se forman de las lágrimas de los malos. El Erídano o Eridanus era también considerado un río del Hades por Virgilio (VI, 659).

Debate sobre los 5 ríos del Hades
Styx – Acheron – Cocytus – Lethe -
Phiegethon

En realidad, la versión más corriente en la mitologia griega habla del río Styx, pero dado que Kurumada se basó en la descripción de los Infiernos de la Divina Comedia de Dante, se menciona el río Aqueronte en el universo de Saint Seiya. Si se toma en cuenta el punto de vista de la obra del poeta italiano, el Styx correspondería en Saint Seiya a la laguna o charca fangosa de la 4ª prisión (guardada por el espectro Phlégyas del Lycaon).

Kurumada enseña/evoca también el río Cocytus y el rio Lete. En cambio, zapeó el 5º río de los Infiernos, el Piripflegetonte -o Phlégéton más corto- que es un río de fuego. Este último debería encontrarse en la 5ª/6ª prisión (a menos que se trate de la cascada o laguna de sangre –1er valle de la 6ª prisión-).

Con respecto al Aqueronte (evocado en vez del Styx), es una lástima, porque Seiya cayó dentro y según la leyenda de Aquiles, a quien su madre sumergió en las aguas sosteniéndolo por el talón, se debería haber vuelto invulnerable.

En lo que se refiere al Styx (nombre resultante de una vieja raíz que significa "odio"), la mitología es muy clara: para agradecer a la diosa-río Styx por haber consentido la participación de sus 4 hijos (Cratos : la potencia, Bia : la violencia, Zelos : el encarnizamiento, y Niké : la victoria) en la Titanomaquia y la Gigantomachia, Zeus lo colocó en una de las esquinas más remotas del Hades, para que se beneficiara de un descanso bien merecido.

En la mitología griega, Estigia o Éstige (Styx en inglés) significa en griego antiguo ‘odiar’, ‘detestar’) y era el río que constituía el límite entre la tierra y el inframundo, el Hades, al que circundaba nueve veces. Estigia era la diosa del río que circunda el inframundo, es considerada como la primera hija del titán Océano (el río que circunda al mundo) y Tetis (la diosa de las aguas); aunque en algunas versiones se la hace hija de Nix y Érebo, justificando así su vinculación con el inframundo y el ser asimilada como el espíritu femenino (daimona) del odio.

El río Estigia es descrito como formado por aguas negras y ponzoñosas, y formaba la frontera entre los mundos superior e inferior. Para agradecer a la diosa río Estigia por haber consentido la participación de sus cuatro hijos en la Titanomaquia y la Gigantomaquia, Zeus la colocó en una de las esquinas más remotas del Hades, para que se beneficiara de un descanso bien merecido (dando origen a la laguna que tiene su nombre).

Los juramentos prestados a nombre del Estigia tenían que ser cumplidos (todos los demás podían romperse). Si alguno de los dioses derramaba una libación de su agua y abjuraba de ella, entonces yacía sin respiración durante un año, sin probar ambrosía, ni néctar, permaneciendo sin espíritu, ni voz. Tras este año de enfermedad, era excluido durante nueve años de las reuniones y banquetes de los dioses, a los que no podía volver hasta el décimo año. Por ejemplo, el propio Zeus juró por el agua del Estigia darle a Sémele lo que ella le pidiese y así fue obligado a mostrarse en todo su esplendor, provocando con los rayos que desprendía la irremediable muerte de la joven. También Helios juró a Faetón lo que quisiera, y éste pidió conducir su carro, lo que a la postre terminaría con la vida del joven.

Según algunas versiones las aguas de Estigia eran milagrosas y servían para hacerse inmortal. Aquiles habría sido bañado cuando niño adquiriendo la invulnerabilidad, a excepción del talón, por donde su madre lo sujetó al sumergirlo, que se convirtió así en su único punto vulnerable. Estigia era principalmente una característica del más allá en la mitología griega, pero ha sido descrita como una característica presente también en el infierno del Cristianismo, notablemente en “La divina comedia”.

En los tiempos modernos es común creer que el barquero Caronte transportaba las almas de los muertos recientes a través del río Estigia hasta el inframundo, aunque en las fuentes griegas y romanas originales, así como en la obra de Dante, era el río Aqueronte donde navegaba Caronte. Dante situó a Flegias como el barquero de Estigia, y éste río era quinto círculo del Infierno, donde los coléricos y hoscos reciben el castigo al ser perpetuamente ahogados en las fangosas aguas.

Los ríos Estigia, Piripflegetonte, Aqueronte y Cocito convergían en el centro del Hades formando una gran ciénaga o pantano, pero los ríos más importantes del Hades eran el Lete y el Erídano.

En las orillas de los ríos erraban las almas de los muertos desprovistos de sepultura que esperaban la decisión de los jueces sobre su suerte y al destino que les había sido reservado. En la penunbra de las profundidades, el espíritu llega a un ancho rio de aguas turbulentas, entonces alquila una barca conducida por un viejo miserable, siniestro y sombrío, que tiene muy mal caracter, el barquero de los infiernos Caronte, a quien se le representa como un viejo muy feo y de larga barba gris, cuya por función es llevar a las almas de los muertos a través de los ríos que separan el Mundo Subterráneo. Duro, avaro e inflexible, exigía a las almas de los muertos el pago de un óbolo como mínimo y tres como máximo (moneda que tradicionalmente los familiares colocaban en la boca del cadaver enterrado como dote, si se les daba el funeral apropiado) por cada travesía que les permitiría cruzar el río. Caronte rechaza a los que no pueden pagar el óbolo. . A los demás, los sienta en la barca y los lleva a la orilla opuesta.

Aquellas almas que no llevasen la moneda (un óbolo) para pagarle a Caronte, se quedaban en la ribera de un banco de negra figura. Como las almas no podian cruzar el río sin Caronte, algunas intentaban regresar a la superficie. No obstante, era muy difícil hacerlo, el dios Hermes, el encargado de guiar a las almas hasta el Inframundo, no dejaba jamás de vigilarlas.

Caronte es el hijo inmortal del Erebo y de la Noche, llevaba las almas de los muertos por el Estige y según otros mitos también por los demás ríos, el barquero no dejaba pasar ni a los vivos ni a los muertos sin sepultura, no permitía que ningun ser vivo subiera a su barca e hiciera la travesía, de hecho Hades lo había instruido para que no dejara cruzar el río a ninguno, con todo, algunos héroes lograron burlar su vigilancia o convencerlo para que hiciera una excepción a la regla.

El Estigia era guardado por Flegias, quien porteaba las almas de un lado a otro del río. En otras versiones, Flegias guardaba el Flegetonte. Los juramentos prestados por el agua del Estigia tenían que ser cumplidos (todos los demás podían romperse). Si alguno de los dioses derramaba una libación de su agua y abjuraba de ella, entonces yacía sin respiración durante un año, sin probar ambrosía ni néctar, permaneciendo sin espíritu ni voz. Tras este año de enfermedad, era excluido durante nueve años de las reuniones y banquetes de los dioses, a los que no podía volver hasta el décimo año. Por ejemplo, el propio Zeus juró por el agua del Estigia darle a Sémele lo que ella le pidiese y así fue obligado a mostrarse en todo su esplendor, provocando los rayos que desprendía su irremediable muerte. También Helios juró a Faetón lo que quisiera, y éste pidió conducir su carro, lo que a la postre terminaría con su vida. Según algunas versiones, el Estigia era milagroso y servía para hacerse inmortal. Aquiles habría sido bañado cuando niño en él adquiriendo la invulnerabilidad, a excepción del talón, por donde su madre lo sujetó al sumergirlo, que se convirtió así en su único punto vulnerable. El Estigia era principalmente una característica del más allá en la mitología griega, pero ha sido descrito como una característica presente también en el infierno del Cristianismo, notablemente en ''La divina comedia''. En los tiempos modernos es común creer que el barquero Caronte transportaba las almas de los muertos recientes a través del río hasta el inframundo, aunque en las fuentes griegas y romanas originales, así como en la obra de Dante, era el río Aqueronte el que navegaba Caronte. Dante situó a Flegias en el Estigia e hizo a éste el quinto círculo del Infierno, donde los coléricos y hoscos reciben el castigo de ser perpetuamente ahogados en las fangosas aguas.

Los nuevos espíritus guiados por el barquero legaban entonces al otro lado del caudal, hasta el umbral de las puertas del Hades, vigiladas por Cerbero, un horrible y gigantesco perro humanoide fabuloso, de tres cabezas, aunque en algunas versiones llega a tener hasta cincuenta, tenía el lomo erizado de serpientes, la cola de dragón y sus fauces destilaban veneno, una bestia horrorosa que siempre en vela para impedir que los vivos entren o que las almas salgan. Pese a su aspecto horrible esta bestia no hacía ningún daño a las sombras de los muertos. Se encargaba de devorar a las almas que intentaban escapar a la superficie, y también atacaba a quienes venian sin haber muerto al averno.

Según la mitología, Cerbero era hijo de Tifón y Equidma, y era el guardián de los infiernos. El can asesinaba a cualquier ser vivo que se acercara al Reino de los muertos, salvo en contadas ocasiones, sólo tres veces fue vencido Cerbero. Una por Orfeo, que consiguió enternecerle con la música de su lira, otra en combate por Hércules, que en lucha abierta consiguió encadenarle y se lo llevo a la superficie, hasta Trezena, este fue uno de los doce famosos trabajos de Hércules y el único periodo en que Cerbero ha abandonado la entrada del reino de Hades, pero después Hércules lo devolvió, finalmente, Eneas lo durmió gracias a una comida especial preparada por la Sibila.

En la Iliada se narra también el enfrentamiento de Hades y Hércules cuando éste quiso entrar en su reino, el dios del inframundo fue derrotado, Heracles le hirió con una flecha o bien de una pedrada, y hubo de ser conducido al Olimpo para ser curado por Péan, el dios que cura, que le aplicó un bálsamo milagroso que le cauterizó la herida con rapidez.

Desembarcada la sombra y tras cruzar las Puertas del Hades estas quedaban completamente cerradas (tan sólo pudieron volver a atravesarlas Ulises y Hércules como precio de una batalla, y Orfeo como precio por la pérdida de Eurydice). Los espíritus que llegan al Hades pasan entonces a través del Campo de Asphodelos (llanura de Asphodelos), un lugar gris, chato y nebuloso con árboles de ramas inclinadas hacia el suelo, una llanura silenciosa y llena de flores del mismo nombre. Según las tradiciones las almas de los muertos estaban encerradas en el Hades sin esperanza de fuga, desarrolando actividades que habían perseguido en vida, pero de forma triste y mecánica, su transición en la llamada pradera de Asfodelos, era triste y no ofrecía la posibilidad de vida social, durante su paseo expiran parte de sus faltas. Ahí terminaban por vagar las almas de los muertos, sin rumbo ni sentido, callados y mustios. Los de baja condición eran transformados en harpias.

En la misma llanura de ese tétrico mundo se encontraba también el Erebo, propiamente dicho, más allá estan los verdes prados de la Región del Erebo y la laguna Lete o río Leteo, donde iban a beber los muertos (al beber olvidaban su vida pasada y recuerdos) se alzan las torres del Palacio edesde donde reinaban Hades y Perséfone, con muchas puertas, y lúgubres almas deambulantes. A la izquierda de este palacio estaba una fuente, la Fuente de Lete, a la que los muertos acudian para, después de beber de sus aguas, olvidar todos sus recuerdos. Los muertos de más alto rango, no obstante, preferian ir a beber a la fuente del lado derecho de Erebo, la Fuente de Mnemosine, que les daba un dulce recuerdo de lo que habian hecho en vida al beber de sus aguas.

En Erebo también se encontraban los tribunales donde eran juzgadas las almas. Justo antes de llegar a los límites del palacio real, las sombras se detenían en el Palacio de Justícia, en espera del juicio sobre su vida pasada. Un tribunal formado por 3 jueces (kyotos), que enviaban a los justos al paraíso de los Campos Elíseos y que condenaban a los otros a tormentos eternos, antiguos reyes que por su bondad y justicia fueron nombrados jueces de Hades, administrando justicia en nombre de Hades y en su presencia, Minos (antiguo rey de Creta) el juez supremo que tenia el último fallo, Radamanthis (Rhadamanthys) hermano de Minos, encargado de juzgar a las almas de Asia, y Éaco (Aecus, Rey de Egina), juzgaba a las almas de Europa, los tres de una gran integridad, elegidos por su gran sabiduría y por la vida ejemplar que habían llevado, sometía a los espíritus recien llegados a un juicio de los actos que habían realizado en vida. Minos, el más sabio, es el más poderoso del trío y lleva en su mano un cetro de oro.

Todos los días los muertos eran llevados a su presencia, según el veredicto de este juicio y una vez hecha pública la sentencia, los espíritus seguían uno de los siguientes tres caminos o senderos.

(1) Si no son juzgados ni como bondadosos ni como malvados, las almas son enviadas de nuevo por el ramal principal del Estigia hasta las "praderas de Asphodelos" o llanura de Asfódelo, el lugar más frecuentado, porque pocos lograban convencer a los jueces de que tenían derecho a trato distinto. La gran mayoria de las almas, pálidos reflejos de los vivos que fueron, se quedan eternamente en esta zona intermedia. Muchos permanecían en aquel triste lugar donde la noche y el día no eran más que un eterno crepúsculo. Los condenados se pasaban la eternidad dando vueltas sin objeto. Estos espíritus no experimentaban ni dolor ni placer, simplemente eran sombras de sus vidas pasadas, a las cuales de vez en cuando se les permitía disfrutar de las viejas glorias carnales en la Llanura de Asfodelos.

Allí iban todas las almas de la gente común y corriente, los muertos "mediocres". A diferencia de las creencias Judeocristianas, las almas no eran castigadas ni penaban pecados. Aquí habia muertos de todo tipo, desde el alma de Medusa (con todo y ser una Gorgona temible) hasta el alma del guerrero Meleagro, un campeón de Calidonia. Todas ellas se convertían en meras sombras que anhelaban únicamente ser recordadas en vida y que se les hiciesen sacrificios de sangre, para volver a sentirse vivos, aunque fuera por poco tiempo.

(2) Si en el juicio han sido considerados como bondadosos, entonces son enviados al Elyseo o Campos Elíseos a través del Río Aqueronte, un tranquilo y apacible lugar donde los espíritus viven en felicidad. Entre los difuntos este era el destino de los más afortunados (una minoria), el Elyseo es una región menos sombría con grandes prados cubiertos de flores, un lugar paradisíaco donde los pájaros cantan en los árboles, brilla el sol en un cielo azul de nubes blancas y vaporosas, el son de la música de la flauta o de la lira y la danza alegraban continuamente la vida. No existía la noche, las sombras no necesitan descanso y banqueteaban cada vez que alguien lo deseaba, el vino era abundante pero a nadie le hacía daño. Los que tenían la suerte de llegar gozaban del privilegio de poder volver a la tierra si querían, pero su nueva vida era tan feliz que poquísimos se decidían a dejarla, ni siquiera por un tiempo mínimo. El prudente juez Radamantis gobernaba en los Campos Elíseos.

Aqui iban los "realmente" justos y buenos, además de los favoritos de los dioses, como Aquiles, Medea y Alcmena (la madre de Heraclés). Era una tierra feliz, que no estaba sometida a la voluntad de Hades. Aquí todo era fiesta, cantos, bailes, sin frío ni calor, con perpetua luz. Quienes ahí habitaban eran seleccionados para volver a nacer en la tierra, y ellos podian elegir el rumbo por donde ellos querian ir a parar. Para llegar a los Campos Elíseos, era necesario cruzar a través de la Fuente de Mnemosine o de la memoria.

Exisían además las islas afortunadas, este lugar era especial, una tierra mejor que la de los Campos Elíseos. Aquí habitaban las almas de quienes habian reencarnado ya más de cuatro veces. Esta era su verdadera estancia final.

(3) Por último, si han sido considerados malvados, los espíritus son enviados a la región del Tártaro a través del río Phlegethon. Era un lugar inmenso y oscuro, al igual que muy profundo. Si se dejaba caer un pesado yunque desde su entrada, tardaba nueve días y nueve noches en caer hasta el fondo. Aquí diversas almas de mortales e inmortales penaban sus faltas.

En él hay tres barqueros que son tres Furias: Alecto, Meguera y Tisífone. Con una mano empuñan una antorcha candente y con la otra un látigo ensangrentado, con el cual flagelan sin cesar a los malvados que merecen duros castigos.

El Tártaro es el palacio del Tormento, una prisión fortificada construída por Zeus para los castigos más severos, tiene un muro triple altísimo para evitar la evasión, bordeada por una parte de la Estige y situada en las profundidades extremas, donde reina una noche eterna. Los que han cometido los más graves pecados son arrastrados allí, en este siniestro lugar profundo y oscuro los grandes criminales llevan su suplicio. Inicialmente era la cárcel de los titanes rebeldes y enemigos de Zeus. Rodeado por el curso del río Phlegethon, estaba situado profundamente bajo tierra. A la entrada había una enorme puerta de bronce cerrada por dentro, que sólo se abría para recibir a los muertos que iban llegando. El Tártaro era muy parecido al Infierno de los cristianos (el nombre del Infierno en general en donde las almas de los malvados pagaba sus culpas), un lugar de penas y condenación eterna reservado a los malvados o aquellos que habían desafiado a los dioses. En las altas murallas que los rodeaban los gritos de angustia resonaban sin cesar...

En ese recinto en el que se encuentran prisioneros los Titanes, los gigantes, los vengadores, los malvados y algunos seres mitológicos que sufren el castigo de haber ofendido a los dioses, como Tifón, condenado a que las arpías le devoren por haber atacado a los dioses.. allí todos ellos son sometidos a graves penurias y castigos.

En el Tártaro se hallan varios personajes destacados por su malicia: a uno un buitre le roe un seno, uno corre sin cesar tras una onda fugitiva, otro quiere llenar un tonel sin fondo, etc. Aquí moran los violentos, los traicioneros, los infieles, los avaros, los belicosos, etc. Todos expían sus faltas y, a la vez, quieren volver a gozar de la luz del día y de una vida apacible. Cerca del Tártaro viven los Remordimientos, la Miseria, las Enfermedades, la Guerra, la Muerte, las Arpías, etc.

Tanto el Tártaro como el Elyseo podrían ser dimensiones de bolsillo diferentes dentro del Reino del Hades.

Los Personajes del Inframundo

Es bueno cuando se habla de los Infiernos griegos presentar a algunos de su los más famosos residentes, la mayoría conocidos por los mitos asociados al Hades.

Hades / Plutón: Señor del Inframundo, tercer hijo de Cronos y Rea. Nada más nacer fue engullido por su padre porque este tenía miedo que lo destronara. Más tarde fue vomitado porque Zeus destronó a su padre. Luchó contra los titanes y los cíclopes lo armaron con un yelmo que le otorgaba la facultad de volverse invisible. Después de ganar a los titanes los dioses olímpicos se repartieron el mundo: Zeus se quedó con el cielo, Poseidón con el mundo submarino y Hades con el mundo subterráneo. Hades no quedo conforme con aquello, pero tuvo que resignarse y fue a construir su hogar ahí. Era también dueño de todos los tesoros ocultos bajo la tierra, por lo que era el "Dios más rico" de todos. Rara vez salia a la superficie, y desconocia lo que ocurria en la tierra o en el cielo. Algunas vagas noticias le llegaban a traves de los golpes que daban los dolientes en el suelo (una especie de telégrafo rudimentario ).

Hades normalmente se representa con una gran barba blanca sentado en un trono, al lado solo está Perséfone. En las manos suele llevar un cetro o el cuerno de la abundancia. Hades nunca salía de su realeza porque sus funciones lo tenían muy ocupado y pocas veces iba al Olimpo (por eso no se le consideraba un Dios Olímpico). Hades se relacionaba con el mundo superior mediante Keres, que eran los encargados de dar a los hombres el golpe mortal y de conducir a las ánimas al infierno. A veces hacía de intermediario de Hermes. Hades significa “invisible” pero nunca era llamado por este nombre por miedo a que se escolarizara. Normalmente era llamado Plutón, que significaba “el rico”, aludiendo a las riquezas inagotables de la tierra.

Perséfone: Reina del Inframundo, esposa de Hades. Hija de la diosa Démeter, fue secuestrada por su tío Hades, y aunque su madre hizo todo lo posible por intentar recuperarla, se quedó como la mujer de Hades. Perséfone le era fiel a su esposo, pero no tenían hijos. Hades se relacionaba mejor con Hécate, una diosa que vivia también en el inframundo y que era patrona de brujas y magas.

Hermes: dios de los viajes, de los ladrones y mercaderes (en realidad de todo lo que tiene vínculo con la carretera), además de mensajero de dioses, posee también el papel de guia de las almas de los muertos a los Infiernos.

Hécate: Diosa del averno, patrona de la magia. Una deidad implicada con la Luna, diosa de los magos y maestra de los demonios. Zeus le dió dones y privilegios, y le dió potestad sobre la tierra, el mar y el mundo del más allá. Protege a los que litigan ante los tribunales, a los atletas, a los políticos, y es nodriza de niños pequeños. También se le atribuye todo lo misterioso y lo fantasmático. Si alguna vez se le muestra a alguien, éste muere del espanto que supone verla. Su estatua era representada con tres cabezas: una de leona, otra de perra y la última de yegua. Algunos creen que representaban a las tres deidades conocidas que fueron asimiladas con la Luna en grecia: Selene en el cielo, Artemisa en la tierra y la propia Hécate en el inframundo. Era venerada en encrucijadas, y con unas cenas especiales, llamadas Cenas de Hécate, consistentes en pescados y mariscos, y que constituian un ritual de purificación.

Hécate fue a acompañar a Démeter ante Zeus para suplicar que Hades regresase a Persefone con su madre. Orfeo introdujo sus misterios en grecia, conociéndolos cuando andaba en el Inframundo. Transforma a Galantis, una ramera con una "terrible reputación" en comadreja. Ifigenia, hija de Agamemnón y Clitemnestra, al ser inmolada (sacrificada), vino a convertirse en la nueva Hécate, o la Hécate Jóven.

Los dioses gemelos : Hypnos, el Sueño, y Thanatos, la Muerte, residían en el mundo subterráneo de dónde venían los sueños que subían hacia la Tierra, hacia los hombres. Pasaban por 2 puertas: una hecha de cuernos para los sueños verídicos, y otra hecha de marfil para los sueños falsos.

Tánatos era el dios (daimon) de muerte no violenta. Su toque era manso, asemejado en eso a su hermano gemelo Hipnos (el sueño), hijo de Nix (diosa de la noche) y Érebo (dios de las tinieblas). La muerte violenta era el dominio de las hermanas de Tánatos, las Keres, espíritus de matanza y enfermedad. En el arte, Tánatos era representado como un hombre joven con barba llevando una mariposa, una corona o una antorcha invertida en sus manos. A veces tiene dos alas y una espada sujeta a su cinturón. Tánatos juega un papel prominente en dos mitos.

Hades tenía a su lado un séquito realmente peculiar ... el inframundo, tiene por principales servidores a las Furias, las Gorgonas, las Harpías, Thanatos y los tres jueces Rhadamanthe, Eacos y Minos.

Caronte: El pasador de fronteras que cruza los ríos del Hades a las almas de los muertos y las conduce ante los 3 jueces de los Infiernos Minos, Eaco y Rhdamanthe.

Cerbero : El perro de tres cabezas y cola de dragón, fiel servidor de Hades, guardián de la puerta de los Infiernos, deja entrar a las sombras pero no les deja nunca salir.

Los 3 jueces de los infiernos: Minos y Rhadamanthe son hermanos y semidioses puesto que nacieron de los amores de Europa, una mortal, y Zeus. Eaco es hijo de Zeus y de Egina, es el antepasado de Aquiles.

Erinias: Las Erinias eran tres diosas del inframundo que castigaban los crímenes contra el orden natural. Era común que al hacer referencia a ellas, se les llamase con antífrasis: Euménides ("clementes, propicias", "las Benévolas"), para evitar su ira cuando se pronunciaba su verdadero nombre. Las Erinias (así nombradas en el inframundo) fueron conocidas por los romanos como Furias (cuando diosas estaban en la tierra) o Diras (cuando estaban en el cielo en compañía de Zeus). Los nombres de estas diosas son: Alecto (implacable, "repugnante, hostil" representa la culpa), que castiga los delitos morales; Megera (seductora, "refunfuñona", representa el remordimiento de los hijos por ofender, desobedecer y atentar contra los progenitores, principalmente la madre), que castiga los delitos de infidelidad y Tisífone (vengadora, "destrucción vengadora", representa el arrepentimiento), que castiga los delitos de sangre, vaya nombres tan "sugerentes".

Nacieron de la sangre vertida por Urano, el dios primitivo del cielo, cuando le fue cortado el sexo por su hijo Cronos. Se las suele hacer hijas de la Nix, la noche, pero en otras versiones son descendientes del río infernal Aqueronte y de la laguna Estigia.

Las Erinias son representadas como mujeres feas, viejas horripilantes, con un manto negro salpicado de sangre, cara de perro, cuerpo negro y alas de vampiro, con los ojos perpetuamente inyectados de sangre, con el pelo, los brazos y cinturas entrelazados con serpientes venenosas en vez de cabellos. En algunas descripciones se las asemejan a las gorgonas, por tener serpientes en lugar de cabellos. Ellas usaban látigos guarnecidos de láminas, aguijones de escorpión y anillos de bronce, y vestían túnicas negras y largas. Esquilo las ve como a las Gorgonas, sus cuerpos visten de negro, y serpientes se retuercen en su pelo, goteando sangre de sus ojos, con serpientes o antorchas en sus manos; Euripides y otros poetas más tarde los describen como los seres alados, con alas de dragones.

Son seres del grupo de elementales alados, pero con alas de murciélagos o dragones, que personifican la idea de la reposición del orden destruido por el crimen, en especial, de la propia familia, del mismo grupo o clan. Por eso castigan la rebelión del hijo contra su padre, del joven contra el viejo, del huésped que no observa las leyes de la hospitalidad. Para reprimir estos males, persiguen y azotan al infractor o criminal sobre la tierra con látigos, lo hieren y acosan hasta matarlo o dejarlo incapaz de obrar. Eran implacables a la hora de llevar a cabo los castigos impuestos por los dioses, sobretrodo con aquellos que hubieran matado a algún familiar.

Ellas estaban particularmente vinculadas con los homicidios, los crímenes filiales, crímenes contra los dioses y el perjurio. Una víctima que busca la justicia podría llamar la maldición de las Erinias. La más poderosa de estas maldiciones era la de los padres sobre los hijos, ya que mito las hace hijas de la sangre de Uranos, caída sobre Gaia, cuando fue castrado por su hijo Cronos, aunque otros dioses primigenios se les achaca el honor de ser sus padres, entre ellos: Nix y Érebo. Eran las diosas sirvientes de Hades y Perséfone en el infierno dónde ellas vigilaban la tortura de delincuentes en los Calabozos del inframundo (donde algunos poetas antiguos las hacen hijas de Hades y Perséfone). Como divinidades más antiguas que los dioses olímpicos no estaban bajo las normas de Zeus, aunque ellas lo honraban y estimaban. Ellas habitaban en la oscuridad profunda del Tartaro, temidas por dioses y hombres.

La ira de las Erinias se manifiesta de varias maneras. La más severa de éstas era la locura atormentadora infligida en un parricidio o matricida. Los asesinos podrían sufrir enfermedades y pestes; incluso cubrir de males la nación de un delincuente, que podría sufrir la carestía, hambre y enfermedad. Sólo podría aplacarse la ira de las Erinias con ritos de purificación y la realización de alguna tarea para la expiación.

Las Erinias eran similares, pero no iguales a otras ninfas del inframundo, suelen confundirse y no diferenciarse de las Arai (las maldiciones) y las Maniai (las locuras y el frenesí); también algunos hablan de las Poinas, para describir a los espíritus vengadores de los homicidios que representaba la venganza y el castigo por matar a un hombre, eran según los mitos todas hijas de Nix y Érebo, o hijas de Éter y la Gaia. Se usaba el término Poina (Poena, Ultio en Roma) para denominar el dinero que entregaban los asesinos a la familia de la víctima con el fin de expiar su crimen. Una Poina fue llamada por Apolo para vengar la muerte de uno de sus hijos, está adoptó la forma de un dragón y fue asociada luego con una Lamia o con Equidna (ambas mujeres con torso humano y parte inferior de serpiente).

A las Erinias se les aplicaba el epíteto Praxídiceas, pero estas también son tres diosas (daimonas) de la justicia en el inframundo. La principal y de la que deriva el nombre del grupo es Praxidike (literalmente: praxis: aplicación; dike: justicia, es la diosa de la justicia estricta), esta diosa es identificada luego con la diosa Perséfone, es acompañada y forma la triada con sus hijas Arete (la Virtud) y Homonoia (la Concordia) —hijas de Zeus con la joven diosa—. En otras tradiciones sus nombres son Thelxineia, Alkomeneia y Aulis, y era hijas del Rey de Beotia (Reino de Tebas). Al parecer las dos tradiciones se solaparon.

Moiras o Parcas: Son tres: Cloto ("hilandera"), Láquesis ("distribuidora"), y Atropos (""Inflexible o indomable"). Estaban siempre hilando la vida y destino de los mortales. Cloto está hilando y tiene a cargo del presente; Láquesis va midiendo y tiene a cargo el pasado; Atropos corta con sus tijeras, que no tienen apelación, y tiene a cargo el futuro. En un principio, sus decisiones no podia modificarlas ni Zeus, pero luego hay dioses que se burlan de ellas, como Apolo, que las embriagó para salvarle la vida a su amigo Admeto. Ellas no sólo deciden el momento de muerte de un ser, sinó que lo juzgan y dictaminan a donde deben de ir.

Prisioneros célebres del Tártaro

Euridice: esposa de Orfeo, este tuvo la oportunidad de traerla a la vida de nuevo por concesión del dios del Inframundo. Para ello, debía tocar su lira a lo largo del camino de vuelta, sin nunca darse la vuelta. Al ver la salida acercarse, no pudo impedir comprobar si Euridice lo seguía, por incumplir la advertencia de Hades esta se volvió una sombra para siempre en las profundidades.

Hecatonkeires y Cíclopes: Sus primeros habitantes. Castigados por Urano porque se habían rebelado contra él, fueron luego liberados por Cronos y los titanes cuando se apoderaron del universo... pero también se revelaron contra los titanes, así que volvieron a ser encerrados. Zeus y sus hermanos los liberaron para vengarse de los titanes. Los cíclopes creáron el Rayo de Zeus, el Tridente de Poseidón y el Casco de Invisibilidad de Hades. Gracias a ello, no volvieron a permanecer encerrados ahí.

Titanes: Existe una versión de que los titanes vencidos por los dioses fueron encerrados aquí, y ahí es donde hasta ahora permanecen. Otras aseguran que huyeron a Italia, o al fin del mundo en Britania.

Sísifo: Rey de Corinto que intentó engañar a la muerte. Debido a que se entrometió en los asuntos de Zeus, debió morir antes de tiempo, pero él logro burlarse de la muerte y tuvo que ser traido a fuerzas. Como castigo, está en el Tártaro empujando y cargando una enorme roca hasta la cima de un monte. Debe arrojarla al otro lado una vez que llegue a la cima, pero los dioses siempre hacen que en el último instante, cuando él se acercaba al objetivo, le flaqueen sus fuerzas y la pesada roca caiga de nuevo hasta el inicio. Está así siempre repitiéndo su tormento. Es azotado por una de las Furias (o Erinias), las temibles diosas que buscaban a los culpables sobre la tierra e infligían los castigos a los muertos.

Ixión: Intentando seducir y violar a Hera cuando Zeus lo invitó al Olimpo, el dios hizó una falsa imagen de Hera, llamada Nefele para tenderle una trampa. El rey cayó y Zeus lo castigó atándolo a una gran rueda que siempre está girando en el Tártaro. La rueda es movida siempre por Nefele.

Danaides: Eran 50 hijas que tuvo Danaos, el rey de Lídia. fueron casadas con los cincuenta hijos del hermano de Danaos, Egipto. En la noche de bodas, todas mataron a sus esposos menos una, que fue perdonada por ello. Por su crimen, las demás están condenadas a llenar un barril taladrado, aunque fueran 50 este no se llenaba nunca. Así están siempre sacando agua en el Tártaro.

Ascálafo: Por haber provocado que Persefone se quedase como esposa de Hades para siempre, la madre Démeter lo tiene aprisionado debajo de una gran roca.

Titio: Un gigante que intentó violar a Leto. Sus hijos, Apolo y Artemisa lo matáron. Zeus lo castigó en el Tártaro atándolo de manos y pies en una gran superficie, donde es torturado.

Aloides: Según un oráculo, no los podrían matar ni dios ni hombre. Encerráron a Ares en un gran cofre e intentáron llegar al olimpo y apoderarse de Hera y Artemisa. Esta última logra engañarlos y terminan matándose entre sí, cumpliendose el oráculo. En el Tártaro, estan atados en columnas espalda con espalda, siendo azotados por serpientes y por la ninfa del averno Estigia.

Orión: Por haberle quitado a sus compañeras, las pléyades, y haberla intentado violarla, Artemisa lo mató. En el Tártaro está siempre tras la caza de un ciervo imaginario, el cual nunca logra atrapar.

Tántalo: Rey de Asia Menor que, según una leyenda, ocultó a los dioses la ambrosía y el néctar. Está siempre en el Tártaro sufirendo de hambre. Como castigo, fue condenado a ser encadenado de pie, con los pies en el agua bajo un árbol frutal, sin comida ni bebida. Cada vez que se agachaba para beber, el curso del río se desplazaba, y cada vez que tendía la mano para tomar una fruta, las ramas se elevaban, en ambos casos fuera de su alcance.

Erisicton: Intentó talar los árboles de un bosque consagrado a Démeter, la diosa se le apareció como sacerdotisa y le rogó que no lo hiciese, pero él desobedeció y siguió en su empresa. La diosa se le apareció como de verdad era y lo condenó a tener un hambre insaciable. En el Tártaro permanece en la misma condición.

Prometeo: Condenado a ser encadenado y a hacerse devorar eternamente el hígado por un buitre cada día, que le vuelve a crecer por la noche. Todo ello por haber dado el fuego a los hombres aunque Zeus se lo había prohibido.

Mitos del Hades

Hades rara vez sale de su reino, principalmente interviene en mitos ubicados en sus dominios.

El secuestro de Perséfone. El origen de las estaciones

Es célebre la historia de Hades y Perséfone.

Perséfone era la hija de Zeus y Deméter. La oposición de Zeus al matrimonio provocó que Hades la raptara. El mito del rapto de Perséfone comenzó cuando Hades, su tío vio a la joven aun doncella y se enamoró de ella, Zeus no permitió su matrimonio, porque no quería afrentarse a la madre de la joven, la diosa Demeter (diosa de la Tierra), y en parte porque no le hacía gracia que su hija permaneciera en el reino de los muertos. Hades visto la oposición familiar, tiró por la tremenda y decidió raptar a la muchacha, cuando paseaba por Sicilia cogiendo flores inocentemente con algunas ninfas (y Atenea y Artemisa, según el himno homérico, o Leucipe, o algunas Oceánides) en un campo en Enna, Sicilia. Se encontró con una flor muy bonita que había hecho brotar Hades. Cuando fue a coger la flor, se abrió un abismo y Hades apareció, emergiendo de una grieta del suelo, la rapta y conduce en su carro de fuego al mundo de las tinieblas.

Obviamente la reacción de la madre Demeter no tardó. Desesperada por la búsqueda infructuosa de su hija, se retiró y no permitió que los campos dieran frutos. El hambre y la muerte afectó a la tierra que se volvió estéril. Las ninfas fueron transformadas en las Sirenas por no haber intervenido. La vida quedó paralizada (otoño e invierno) mientras la desolada Deméter buscaba por todas partes a su hija perdida. Helios, el sol, que todo lo ve, terminó por contarle lo que había pasado.

Demeter se enfrentó a Zeus advirtiéndole que si no aparecía su hija ni un grano de trigo germinaría. Demeter sospechaba que los dos hermanos estaban enterados del suceso, e intuía que posiblemente Zeus ayudó a preparar la estratagema a Hades.

Zeus no pudo aguantar más la agonía de la tierra y para calmar la ira de la diosa de la agricultura, Zeus, obligó a Hades a devolver a su hija. El soberano del cielo envió a Hermes para rescatarla y traerla de vuelta.

La única condición que se puso para liberar a Perséfone fue que no probase bocado en todo el trayecto, pero Hades la engañó para que comiese seis semillas de granada, porque todo el mundo que comía o tomaba alguna cosa del mundo de los muertos, tendría que volver al infierno por lo menos una vez en la vida y quedarse para siempre, otras versiones dicen que Hades la hechizó con un poderoso filtro de amor.

Demeter insiste, necesita a su hija, por que es el vehículo de la fertilidad de los campos y sin su presencia todos los prados serán estériles. Zeus hizo un pacto con Hades en el que en vez de que Perséfone volviera y se quedara para siempre, nada más tuviese que ir una tercera parte del año en el infierno y el resto de tiempo, dos tercios del año, permanecería con su madre Deméter en el mundo superior y así estaría contenta. Al término de ese período tenia que regresar con su marido y gobernar como la diosa sombría de la muerte [estos viajes de Perséfone se relacionaban con las épocas del año en que al bajar al infierno Deméter dejaba la tierra estéril (otoño-invierno) y cuando subiera a la tierra devolvía la fertilidad a las tierras (primavera-verano)]. Así que sólo durante tres meses al año (los invernales) permanecen juntos en sus dominios y los restantes ella vuelve junto a su madre (en lo que es un claro mito agrario).

Este hecho determina que Perséfone sea el símbolo de la vida vegetativa, que nace y muere con el cambio de las estaciones. En la primavera cuando las plantas brotan ella se eleva hacia su madre y vuelve a ser virgen y cuando llega el tiempo de la siembra, regresa a su mundo subterráneo, igual que las semillas que se colocan en las frías sepulturas de la tierra.

En algunas versiones, Ascalafo contaba a los demás dioses que Perséfone se había comido voluntariamente las semillas de granada. Cuando Deméter y su hija estaban juntas, la tierra florecía de vegetación. Pero durante seis meses al año, cuando Perséfone volvía a los infiernos, la tierra se convertía de nuevo en un erial estéril.

El descenso de Hércules al Hades

Zeus tuvo un hijo con Alcmena, Heracles. De grande Heracles se casó con Megara con la que tuvo tres hijos. Un día Heracles tuvo un ataque de ira causado por Hera y mató a sus hijos. Arrepentido acudió al oráculo que le dijo que para pagar sus crímenes tenía que realizar doce pruebas, una de ellas llevar el perro Cerbero a Tirinto.

Cuando Heracles se encontró en la entrada del infierno se encontró con Hades, que le impedía la entrada pero Heracles lo hirió en la espalda y lo tuvieron que llevar corriendo al Olimpo, donde el Dios de la cura le aplicó un bálsamo milagroso que hizo que la herida cicatrizase muy rápidamente.

Por otro lado, Heracles consiguió realizar las doce pruebas y vio pagado su pecado.

Orfeo y Eurídice

Orfeo conocido por su prodigiosa música y por ser uno de los argonautas, se crió en Tracia donde las musas le enseñaron a tocar la cítara, con la que llegó a tener tanta excelencia que hasta las piedras y los árboles se conmovían.

Orfeo se casó con la ninfa Eurídice que murió prematuramente a causa de una picadura de un erizo. Orfeo no podía superar la muerte de su mujer y se decidió a bajar al mundo de los muertos para pedir clemencia por su mujer. Cuando llegó allí, estuvo delante de tres jueces a los que conmocionó con su música y Hades, también conmocionado, le permitió que su mujer volviera a la vida con la condición que mientras salía del infierno, su mujer saldría detrás suyo pero si se giraba para verla, la tirarían al Tártaro. Entonces Orfeo tomó su viaje hacia el mundo exterior y su mujer lo seguía pero éste no pudo aguantar más y en mitad del camino se giró para ver si le seguía. Tiraron a Eurídice al Tártaro y Orfeo se estuvo lamentando de haberse girado toda su vida.

Minta y Leuque

Andando en su carro de oro por el Averno, vió a una ninfa infernal llamada Minta, y quiso poseerla. Sin embargo, cuando iba a hacerlo, apareció su esposa Persefone y transformó a la ninfa en la planta de la Menta, frustrando asi las intenciones de Hades. Este mito explica la utilización de dicha planta en los rituales funerarios.

En otra ocasión Hades intentó violar a la ninfa del averno Leuque. Como la anterior ocasión, Persefone intervino de nuevo y transformó a la ninfa en un Alamo blanco. Persefone la hizo arraigar en las cercanias de la Fuente de Mnemosine. Cuando Heraclés visitó el reino de Hades, cansado, se acercó a descansar cerca de esta fuente y con las hojas de Leuque secó su sudor. Las hojas inmediatamente cambiaron de color, por un lado blancas, y por otro negras, siendo una señal del gran poderío de Heraclés, tanto en la tierra, como en el mundo de los muertos.