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INDICE
SHAKA Y EL BUDISMO SHAKA
Y EL BUDISMO
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· El Karma, el Samsara
y la Metempsicosis
El
Karma, el Samsara y la Metempsicosis El Karma y las reencarnaciones... El Karma (o Karman), es la suma de los actos de una vida terrestre que determinan las condiciones buenas o malvadas del renacimiento, es decir, que por sus actos y sus esfuerzos, el hombre puede actuar, en cierta medida, bajo los efectos futuros de los actos que cumple en el curso de su existencia presente … La probabilidad de reencarnarse en un cuerpo humano es insignificante, "tanto como la probabilidad de que dos trozos de madera se encuentren en medio del océano", en el vedismo, además, toda acción tiene una consecuencia sobre el karma, buena o mala. A golpe de buenas acciones, se tiene un buen karma, y uno se reencarna en un mejor estatuto social o en un mundo más ventajoso. Con muy buen karma, uno va al mundo de los dioses. Al matar, al pegarse, se adquiere mal karma, y cuando se tiene demasiado, uno no se reencarna en el mundo de los humanos... vean sino los 6 mundos de Shaka. Varios personajes en el manga de Saint Seiya dicen de Shaka: “aunque sea como un dios, tiene una sola debilidad… es muy compasivo”. De acuerdo con las doctrinas budistas, lo que mueve a Shaka es su compasión y deseo de ayudar a todas las personas a escapar del sufrimiento. Pero como Saint Seiya es una historia de acción y aventura, este deseo de Shaka se manifiesta en su dedicación a luchar por la justicia, en contra de las fuerzas del mal. A diferencia de la mayoría de los personajes de Saint Seiya, el objetivo de Shaka no es destruir a sus enemigos, sino enseñarles los efectos de sus acciones pasadas, para que puedan reformarse. La idea de que uno adquiere “el mal karma” y que uno debe arrepentirse de sus acciones es la noción principal en el budismo japonés. Mientras más pronto las personas se arrepientan y tengan fe en Buda, podrán sobreponerse o triunfar sobre sus pecados.
Las técnicas de lucha de Shaka reflejan las doctrinas Vijnanavada. La escuela Vijnanavada de budismo, también conocida como la “escuela de la conciencia” o la “escuela de la mente”, afirman que toda la realidad es una ilusión creada por la mente. Shaka usa juegos mentales en contra de sus oponentes, de modo que atrapa a sus adversarios en ilusiones muy elaboradas, normalmente todas ellas relacionadas con sus recuerdos y sus más profundos temores. Shaka también es capaz de anular los cinco sentidos de sus adversarios uno a uno. “Voy
a ejercer sobre ti el ataque más poderoso del que dispone el caballero
de oro de Virgo, el Tesoro del Cielo.... el ataque del Tesoro del cielo
es un ataque fundado sobre la verdad de nuestro universo, posee la llamada
armonía perfecta, que asocia el arte del ataque y la defensa en
una sola combinación imparable. Con la cual voy a privarte de tus
sentidos uno detrás de otro.”
De acuerdo a la doctrina Vijnanavada, los cinco sentidos están vacíos y sus percepciones son el resultado de una ilusión donde lo material existe, todo es una ilusión creada por la mente. Continuando con el manga, cuando Shaka se encuentra con Ikki por segunda vez, Ikki está frente a él como un adversario, así que Shaka necesita examinarlo y estar seguro de que él entienda la compasión y los resultados de sus acciones pasadas, su karma. Si Ikki no ha aprendido y ha dejado que la maldad destruya la bondad en su corazón entonces Shaka estará obligado a matarlo. Por suerte Ikki ha madurado bastante desde el primer encuentro en la isla de la Reina de la Muerte. Primero Shaka le dice a Ikki que lo alabe y que le ruegue el perdón de todas sus transgresiones pasadas, de las cuales el Fénix no carece. “Si quieres salvar tu pobre vida sólo hay una manera, debes pedirme perdón por tu sacrilegio, haber osado verter mi sangre, y que con la cabeza baja reconozcas mi superioridad y me adores” Ikki rehúsa hacerlo “pretendes que te adore como si fueras un dios, mejor morir mil veces que arrodillarme ante ti” y más adelante se encuentra a si mismo de pie en la palma de la mano de Buda “Tus poderes no pesan más que un mono en la palma de Buda comparados a los mios. Pensabas haber recorrido millones de kilómetros para encontrarte fuera del alcance de mis golpes, pero en realidad tan sólo te has movido algunos metros.....”. Ahí le viene a la mente el encuentro que tuvo con Shaka en la isla de la Reina de la Muerte (escena desarrollada sólo en el manga), recuerdo que había sido bloqueado por el mismo caballero de Virgo hasta ahora. Ikki responde preguntándole a Shaka si es en verdad la reencarnación del Shaka Nyorai.
Después, usando su “telaraña” de ilusiones, Shaka lleva a Ikki a través de los seis niveles del infierno, que son conceptos budistas. Dependiendo del nivel del karma positivo de una persona, después de la muerte uno volverá a reencarnar otra vez en el lugar que mejor le corresponde como castigo de sus acciones pasadas y para darle el valor que necesitan para avanzar en su estado espiritual.
La técnica que usa Shaka se llama Rokudou Rinne (Ciclo Eterno de Renacimiento por los Seis Reinos) y no te "mata" sino que te manda directamente a tu proxima vida (que práctico!). Shaka llama a los Caballeros de Bronce "fantasmas hambrientos" y cuando lanza su técnica con Ikki lo manda al Ashura (osea, el Infierno). Tambien Shaka nombra como sitio más peligroso al Cielo (o sea, donde reencarnas como un Dios Hindú) eso es porque a pesar de que el budismo no niega la existencia de dioses, no les atribuye ninguna importancia especial. La vida de los dioses en el cielo es larga y apacible, aunque están sujetos a los mismos problemas que puede tener cualquier otra criatura, por lo que están expuestos a una eventual muerte y a una futura reencarnación en un estado de existencia inferior. No son los creadores del Universo, ni tampoco controlan el destino de la humanidad, por lo que para el budismo, el rezar o hacerles sacrificios no tiene ninguna utilidad. De las distintas modalidades de reencarnación, la humana es la mejor, porque las deidades están tan absortas en sus propios placeres que pierden de vista la necesidad de redención. Por lo tanto, la posibilidad de ser un iluminado es válida sólo para los seres humanos. En el Budismo se plantean 6 posibilidades para tu siguiente reencarnación según la doctrina Karma. El karma se basa en los actos de cada persona y en las consecuencias morales que se desprendan de ese proceder. Los actos humanos determinan su posterior reencarnación, por lo que las buenas acciones lógicamente serán recompensadas, como serán castigadas las malas. Por eso el budismo sostiene que no existen en el mundo los placeres inmerecidos ni los castigos injustificados, sinó que todo es más bien producto de una justicia universal. El proceso kármico actúa por medio de una ley moral natural, más que por medio de un sistema de juicio divino. El karma de cada individuo determina asuntos tales como su belleza, su inteligencia, su longevidad, su salud y su nivel social. De acuerdo con las enseñanzas de Buda, dependiendo del tipo de karma que tenga cada persona, puede reencarnarse en un ser humano, un animal, un fantasma hambriento, un guerrero, un habitante del infierno o incluso en alguno de los dioses de la religión hindú. Los 6 infiernos son simplemente una manera para Kurumada de colocar un poco más de simbolismo hindú entorno a Shaka, y que cuando dibujaba esta parte él había previsto la parte Hades así como los combates en el verdader infierno de la historia: el Mekai. Ya que las dos cosas están en contradicción, los 4 mundos "infernales" (los infiernos verdaderos sin el paraíso y el mundo humano) están un poco como ciertas prisiones del Mekai pero que no presentadas como tales allí, con el fin de ser coherente con el espíritu de la metempsicosis percibido por las religiones hinduistas y budistas. Kurumada hizo una mezcla interesante, un santo bañado literalmente en una cultura y una religión, hasta el más mínimo detalle. A to Z Photo Dictionary LOS MUNDOS DEL SAMSARA Entre los budistas, todos los seres vivos nacen en uno de los seis estados de la existencia (Samsara en Sánscrito, el ciclo de la vida y de la muerte). Todos están atrapados en esta "rueda de la vida," como la llaman los tibetanos. Todos los seres dentro de los seis reinos están condenados a la muerte y al renacimiento en un ciclo infinito, a menos que pueden romper libremente sus ansias de deseo y alcanzar la verdad. Además, más allá de la muerte, todos los seres renacen en un reino más bajo o más alto dependiendo de sus acciones en vida. Esto implica el concepto del karma y de la recompensa Karmica. En el Budismo se plantean 6 posibilidades para tu siguiente reencarnación según con la doctrina Karma. El karma se basa en los actos de cada persona y en las consecuencias morales que se desprendan de ese proceder. Los actos humanos determinan su reencarnación posterior, por lo que las buenas acciones lógicamente serán recompensadas, como serán castigadas las malas. Por eso el budismo sostiene que no existen en el mundo los placeres inmerecidos ni los castigos injustificados, sino que todo es más bien producto de una justicia universal. El proceso kármico actúa por medio de una ley moral natural, más que por medio de un sistema de juicio divino. El karma de cada individuo determina asuntos tales como su belleza, su inteligencia, su longevidad, su salud y su nivel social. De acuerdo con las enseñanzas de Buda, dependiendo del tipo de karma que tenga cada persona, puede reencarnarse en un ser humano, un animal, un fantasma hambriento, un guerrero, un habitante del infierno o incluso en alguno de los dioses de la religión hindú. Hablando espiritualmente, la existencia humana está dividida en diez mundos. De estos mundos los seis primeros se pueden representar como segmentos de una rueda que gira sin fin; los cuatro últimos se ven como pisos de una gran montaña. Los tres estados más bajos se llaman las tres trayectorias malvadas, o tres malos estados. Los japoneses enumeran seis, esos seis mundos pertenecen al Samsara, el mundo de la ilusión en donde la realidad se distorsiona debido a la acción del ego. Los mundos pertenecen al Nirvana, el mundo de la conciencia pura en donde la realidad es experimentada directamente, en grados crecientes, sin las interpretaciones del ego. La meta del Chan es llegar a la cima de la montaña, es decir, experimentar la vida espontáneamente, sin subordinar toda la información que nos llega a los mandatos e interpretaciones del ego. Debido a la importancia de entender desde el principio y exactamente lo que significan estos dos términos, Samsara y Nirvana, o bien Forma y Vacío como se les llama comúnmente, ilustraremos las diferencias entre ellos.
SAMSARA, Ciclo de Sufrimiento ... Las religiones orientales tienen una noción muy diversa de la otra vida futura, aunque en algunos sectores del hinduismo, del budismo y del Taoismo existen cielos e infiernos similares a los de las ideas occidentales. El infierno hindú, sin embargo, es tradicionalmente una continuación de la vida terrestre llamado samsara. Samsara es el ciclo sin fin de muerte y renacimiento, que es el resultado de nuestra ignorancia sobre la última realidad del universo. La palabra Samsara significa "vagar a través," como en el curso de la vida, el samsara es el resultado del karma o las acciones realizadas en vida, lo que determina la naturaleza del renacimiento del ser y la casta en la que uno renace.
NIRVANA Una de las cuatro nobles verdades de Buda es que el sufrimiento es causado por el deseo, el deseo de poseer pero también el deseo de ser. El deseo es tanha, o una llama que nos mantiene captados en una ilusión que es nuestro ego. El Buda enseñó que el deseo es una llama que nos quema, nos causa el sufrimiento, y nos mantiene atados al ciclo de la muerte y del renacimiento, porque la llama continúa quemándose en la vida próxima. Aquello que esperamos alcanzar es el nirvana, o la extinción de esa llama, que es también el final del sufrimiento. El nirvana presenta cuatro características: la permanencia de lo Absoluto, la felicidad, la libertad y la pureza. Es algo que no puede definirse negativamente, porque se trata de un estado que no implica características específicas que se puedan expresar por el lenguaje. Por eso se lo describe por imágenes: es una gruta fresca en medio de la canícula de la vida cuotidiana, una isla pacífica en medio del mar del samsâra, un lugar donde no hay más de muerte, un lugar que no puede ser afectado por cualquier cosa. Debido a la importancia de entender desde el principio y exactamente lo que significan estos dos términos, Samsara y Nirvana, o bien Forma y Vacío como se les llama comúnmente, ilustraremos las diferencias entre ellos. Vamos a imaginarnos una habitación, el salón de la casa. En esta habitación un ser humano se encuentra sentado en un sofá de terciopelo azul. En el lado opuesto hay dos sillas con brocados de seda blanca. A ambos lados del sofá hay un par de mesitas sobre las que descansan lámparas de grandes pantallas y con volantes. En el suelo hay una alfombra redonda de colores rosa y crema, y de las paredes cuelgan multitud de pinturas al óleo. Las ventanas están abiertas y una fuerte brisa hace ondular las cortinas hacia el interior de la habitación. Afuera, la rama de un álamo golpea rítmicamente contra el vidrio de una de las ventanas. Un reloj en la repisa de la chimenea toca las once en punto. Esta descripción de las cosas tal como son es la realidad del Nirvana o el Vacío. Ahora vamos a imaginarnos esta misma habitación vista a través de los ojos de la persona que está sentada en el sofá. Supongamos que esa persona echa un vistazo a su alrededor y se dice a sí misma, "Esas pinturas son horrendas. Y ni hablar de las pantallas de las lámparas. ¡Qué desgracia! Sin embargo, este sofá es de buena calidad. Deben haber pagado una fortuna por él. La última vez que lo vi fue hace muchos años, y todavía conserva el mismo aspecto. Tan suave... es una pena que yo no sepa nada de tiendas de antigüedades. ¡Por Dios, alguien debería mandar a restaurar esas sillas! Los apoyabrazos están totalmente desgastados. Pero esta alfombra... apostaría a que es una alfombra oriental auténtica. Huh, ese viento significa problemas. Ahora no recuerdo si dejé las ventanas del coche bajadas. Deberían cortar esa rama o uno de estos días romperá el cristal. ¡Las once! Ah, ese es un antiguo reloj de pie. Seguramente me habré ido de aquí para el mediodía." Esta descripción, de las cosas que se ven debido a la intervención del ego, es la distorsión de la realidad - Samsara o Forma. No hay diferencia intrínseca entre la Forma y el Vacío. Nosotros simplemente las percibimos como diferentes. Tanto en el Samsara como en el Nirvana la habitación era la misma. Pero en el Nirvana no existía un escrutinio o una evaluación juiciosa. No había recuerdos ni planes, ni el 'antes y después', ni 'lo que solía ser' o 'lo que será', o 'lo que debería ser'. No había ningún 'yo' que emitiera prejuicios. En el Nirvana sólo 'hay'. Y la percepción de lo que 'hay' es directa, espontánea, y, como ocurre en la realidad, acompañada por un profundo gozo y serenidad. Hablamos de los seis mundos del Samsara debido a los seis tipos de seres humanos que viven en él. Las personas se pueden clasificar de acuerdo a la manera en que su ego lleva a cabo su distorsión de la realidad. Cada tipo o 'mundo' representa un estilo de adaptación, un patrón de respuesta o una manera de soportar las exigencias de la vida. Cada individuo, desde su infancia en adelante, a través de la prueba y el error determina qué estilo le corresponde mejor y es más eficiente en proporcionarle la atención y el estatus que desea. Los seis mundos, entonces, pueden ser considerados como seis estrategias básicas de supervivencia (Su identificación, casualmente, constituye la psicología más vieja de la historia). En el Budismo aprendemos a reconocer estas seis estrategias, pero no sólo para que las podamos identificar en los demás - aunque eso puede ser útil si las observaciones son objetivas, instructivas y no acusatorias - sino también para que podamos aprender a identificarlas en nosotros mismos cuando las usamos con la intención de evadir nuestra responsabilidad, o para lograr que la gente actúe según nuestros intereses, o para conseguirnos algún tipo de beneficio, etc. Durante el transcurso de cada día en la existencia samsárica, cada una de las personas que se encuentran en cualquier sociedad usan una de estas estrategias. Pero primero deberíamos describirlas tal y como se encuentran en la vida religiosa. En los monasterios, templos y centros Chan, los monjes y los devotos que están todavía atrapados en la rueda del Samsara se dice en broma que están practicando el Chan de los Seis Mundos. Las seis clases son: el Chan de los Fantasmas Hambrientos, el Chan de los Demonios, el Chan de los Seres Humanos, el Chan de los Animales, el Chan de los Titanes y el Chan de los Ángeles. Hay que añadir que estos no son tipos distintos de Chan, sino simplemente adaptaciones usadas por aquellos egos con ciertas pretensiones religiosas. (En el Zen Japonés estas clases se llaman, respectivamente, Gaki, Jigoku, Ningen, Chikusho, Shura, y Tenjo. En la "Rueda de la Vida" Tibetana las seis clases son Pretas, Infiernos, Hombres, Animales, Titanes, y Dioses). El Chan de los Seres Humanos: este es el Chan de los asuntos mundanos. La gente que lo practica son personas pragmáticas que se destacan, cuando se trata de mejorar la existencia mundana. En los monasterios los Seres Humanos están continuamente involucrados en actividades no espirituales, realizando su trabajo con una eficiencia ejemplar. Su estrategia se basa simplemente en volverse indispensables, y eso sucede admirablemente cuando, invariablemente, no tienen miedo y son hábiles en todas las tareas que espantarían a los maestros Chan y otras personas espirituales. Saben cómo rellenar formularios, tratar con los medios de comunicación, organizar excursiones, controlar a las masas, recolectar limosnas, fabricar y distribuir con beneficio artículos y otras prendas de uso religioso, recopilar listas de correo, y mantener restaurantes, panaderías, refugios, albergues, etc. Cuando se trata de explotar los bienes del monasterio y de sacar un pellizco de los turistas, peregrinos y miembros de la congregación para pagar las mejoras, los Seres Humanos no tienen igual. Estas notables personas se convierten en devotos Budistas o en monjes porque aprecian las muchas maneras en que sus vidas mejoran por el modo Budista de hacer las cosas. Los Seres Humanos generalmente creen que el Chan es más un modo de vida que una religión y, por lo tanto, lo valoran por el equilibrio que cultiva la meditación, la saludable dieta baja en colesterol, el ambiente libre de estrés, la excelencia ortopédica de la esterilla para dormir; o bien por la inteligencia, variedad, y actitud no fanática de sus seguidores, el confort de su ropa suelta de fibras naturales, y muchas otras cosas. Tampoco descuidan los aspectos espirituales. Algunas veces se comprometen con el mantra que produce el efecto más saludable en el sistema nervioso o con el canto que inspira el más alegre compañerismo. En ocasiones hay algo más. Llevan ambiciosas vidas sexuales y alguien les ha contado que hay ciertas técnicas en el Yoga Budista que cuando se emplean con éxito pueden prolongar el orgasmo unos veinte minutos. Esto por lo menos es auto-mejorarse, así que apresuradamente se apuntan a un centro Zen o Chan. Los Seres Humanos simplemente no entienden que el Chan es Budismo y que el Budismo es una religión, una religión de salvación. Aunque el Budismo pueda proporcionar tales beneficios auxiliares, no es un centro de salud ni un centro social, ni una guarida, ni un estudio de arte y oficio, ni un sanatorio, ni un grupo de estudio, ni una sociedad filantrópica, ni una pensión o una empresa de la cual sacar dinero. El objetivo del Budismo no es soportar la existencia mundana sino trascenderla, no es ganar confort material sino deshacerse de esa inclinación, no es realzar o rehabilitar una reputación, sino nacer de nuevo sin una identidad mundana en el glorioso anonimato de la Naturaleza del Buda. Saber bien cómo hacer aumentar los fondos está un poco fuera de lugar. El Chan de los Titanes: En la mitología, los titanes eran los toscos y poderosos antecesores de los antiguos y más civilizados dioses de los Griegos. Y siguiendo en esa tradición, la gente que practica el Chan de los Titanes tienen una bruta, sadomasoquista aproximación a la religión. Son estrictos y disciplinados, no saben hacer nada de otra manera que no sea 'según el libro'. Quizá inspirados por mártires, cruzados o férreos sargentos, están convencidos de que su compromiso con el Budismo y con el bienestar del monasterio exceden a los de cualquier otro. Y ellos realmente creen que los indicios de ese compromiso son el dolor, el sudor, la incomodidad, privación, y la sumisión a un código que haría avergonzarse a la mismísima KGB. Aunque los Titanes son evidentemente unos duros trabajadores y cosechan considerables - si no envidiables - elogios por sus esfuerzos, todavía encuentran necesario recoger una última pizca de satisfacción denigrando el trabajo de los demás. Aunque se quejan y protestan de distintas maneras, el mensaje es siempre el mismo: "Si quieres algo bien hecho, hazlo tú mismo". De la manera en que los Titanes entienden la religión, la maldad se puede purificar, y la divinidad se adquiere por una variedad de coloridas y duras pruebas. Junto con sus rituales diarios de auto-sacrificio al realizar las tareas domésticas, llevarán a cabo, con la correspondiente fanfarria, prolongados ayunos cuya dificultad se ve atenuada - como modestamente comentarán - considerando las gachas preparadas por el personal de la cocina; o tomarán voto de silencio, una táctica que les permiten fruncir el ceño, garrapatear, sisear o, si no, mostrar gráficamente sus críticas mediante la mímica. Durante el periodo de paseo para estirar las piernas que misericordiosamente divide una larga meditación, los Titanes permanecerán sentados en una postura perfecta demostrando que ellos nunca abusan de los demás más de lo que abusan de ellos mismos. En los salones Japoneses de meditación a un monje se le asigna la tarea de mantener a todo el mundo alerta. Este hombre hace la ronda por los pasillos con un palo largo y si descubre a alguien echando una cabezada, le golpea en el hombro. Estos golpes son bastante vigorizantes y si uno decide por sí mismo que necesita este estimulante para mantenerse despierto, se inclina ante su compañero y se le azota como ha pedido. No resulta necesario decir que los Titanes se inclinan repetidas veces. Ser testigo de esa paliza no conduce a la tranquilidad aunque es considerablemente más relajante que tener a uno de esos al otro lado del palo. Tradicionalmente, en el Budismo Chino, tras haber completado un seminario de entrenamiento tanto los novicios como las novicias pasan por una ceremonia de ordenación, durante la cual se les coloca doce o trece conos de incienso en el centro de sus cabezas afeitadas. Cuando estos conos se consumen chamuscan el cuero cabelludo dejando unas marcas permanentes. Poco tiempo después el monje recién ordenado puede decidir repetir esta prueba de los conos encendidos, como una penitencia especial o una ofrenda de cualquier clase. Los Titanes, por supuesto, son los más entusiastas seguidores de esta práctica. De una manera similar a como los jóvenes jugadores de fútbol se pegan estrellitas en sus cascos para anunciar sus acciones meritorias, los monjes Titanes pueden tener sus cueros cabelludos decorados con pequeñas quemaduras redondas. (En la provincia de Guangdong, conocí un viejo monje que tenía alrededor de una docena más de las obligatorias doce o trece. El se rió de ellas, atribuyendo el exceso a la euforia juvenil. "Mas o menos como los tatuajes", dijo con cierto pesar.) Para los extranjeros, eso es, cualquiera que todavía no ha demostrado ser vago, incompetente, cobarde o inmoral, los Titanes pueden ser sorprendentemente agradables. Pero esta amistad inicial es sólo un preparativo a partir del cual lanzarán más adelante ataques de honradez. Intimidar con el martirio no es una estrategia para hacer amistades íntimas; pero sale bien para ganarse la atención y un rango. El Chan de los Animales: Este Chan obtiene su nombre de la principal característica de los animales domésticos... la dependencia. Una persona que practica el Chan de los Animales necesita ser cuidado de la manera en que se debe cuidar de las vacas o de los canarios. Consideremos a estas dos criaturas y el contrato que tienen con nosotros. Una de ellas nos da leche y la otra canta a cambio de espacio, comida, y cualquier otro requisito que se llegue a negociar. Deja de alimentar a un canario y éste parará de cantar. Deja de alimentar a una vaca lechera y a ver qué consigues. Si los dejas libres o sueltos, ninguno sobrevive durante mucho tiempo. Quizás en un primer momento los dos hubieran podido prosperar en libertad, pero ahora es demasiado tarde. Se han vuelto demasiado tímidos y han perdido la capacidad de apañárselas por sí mismos o incluso de pensar de forma independiente. Una persona que sigue el Chan de los Animales no puede tolerar la ansiedad de la vida seglar. Simplemente es incapaz de mantener su postura en el agitado dar-y-recibir de la vida sexual o del lugar de trabajo. En el monasterio sabe que va a recibir por lo menos tres comidas al día, una habitación para él sólo, atención médica, una jubilación beneficiosa, una pobre pero adecuada paga cada mes a cambio de un trabajo del cual nunca podrá ser despedido, donaciones adicionales provenientes de los parientes más queridos, una vida respetable que le permite reírse de aquellas personas que decían que nunca conseguiría nada. En las ocasiones festivas nunca se tiene que preocupar de obtener una invitación ya que siempre hay un lugar para él en la mesa. Y, por supuesto, en la Nochebuena nunca hay que preocuparse por conseguir una cita. Las personas que practican el Chan de los Animales pueden ser tímidas, pasivas y dependientes, pero aunque esto sugiera una cierta estupidez, semejante deducción sería errónea. Ni son estúpidos ni incultos. Aquellos que no han sido instruidos previamente a su ingreso en el monasterio se estimulan para alcanzar algún logro académico, recibir lecciones de música, aprender un oficio o alguna otra habilidad. Por otro lado, tampoco es cierto que porque sean socialmente inútiles sean incapaces a su vez de no reaccionar ante la sociedad. Estas personas se dan cuenta de todo, memorizando quién hizo qué, en un cerebro que está programado a la defensiva, para minimizar la buena conducta de los demás y exagerar todo aquello que no es tan bueno. La información de este tipo es la munición que, en caso de ser descubiertos vagueando en el lugar de trabajo, usarán de cualquier manera para defenderse a sí mismos. Pero no sólo se quedan aquí, también lloriquean un montón. El Chan de los Ángeles: Este es el Chan de los neo-intelectuales sofisticados a quienes les han cautivado los sublimes principios filosóficos del Chan, además de su aspecto sereno y estético y la dignidad de su hermandad, en la cual entran como si estuviera adherida a una buena Casa Griega. Este es el tipo de personas que el profeta Mohammed tenía en mente cuando dijo que, "Un filósofo que no ha descubierto su propia metafísica, es un burro cargado con un montón de libros". Kosho Uchiyama Roshi, uno de los grandes maestros Zen de la era moderna del Templo Antaiji, comenta que en los monasterios Japoneses hoy en día son los Americanos los que aumentan las filas del Chan de los Ángeles. Según el maestro, sobresalen en "dar lustre a los cetros" de las personas con alto grado de espiritualidad. Se les denominan 'ángeles' porque, aunque son inferiores a Dios, se consideran mucho más que simples hombres mortales. Las personas que practican el Chan de los Ángeles deambulan sin sentido por los jardines de los templos donde frecuentemente se les encuentra, in fraganti, en actos de cognición sublime. A diario mantienen tratos con el cosmos - encuentros que les dejan ligeramente sin aliento y prendidos con un poema o dos. Generalmente se aproximan al Chan porque están cansados del materialismo y la degradación moral de las ciudades Americanas. Desprecian el mundo 'plástico' y ansían la elegante simplicidad del Hombre Natural del Chan. Pero a pesar de sus convicciones de que el Hombre Urbano está corrompido, nunca son remilgados al hablar sobre dónde consiguieron sus títulos universitarios o qué orquesta sinfónica ha grabado sus clásicos favoritos. Además, el Chan se describe a sí mismo como 'una transmisión especial fuera de las escrituras, que no se puede encontrar en las palabras o en las letras', una descripción que de alguna manera sugiere que si ciertas palabras canónicas provocan la menor disputa su estudio nunca fomentará el modo 'natural' de vivir; sin embargo, la gente que practica el Chan de los Ángeles escudriñan el tonelaje de escrituras Budistas simplemente para ser capaz de calumniar a los demás en el nombre de la exégesis más erudita. Discutirán durante horas sobre las frivolidades más abstrusas e insignificantes, recitando capítulos y versos como si fueran jugadores de béisbol. Inevitablemente se llegarán a publicar sus obras. Pero no les importa si aparecen en la lista de los más vendidos o únicamente consiguen una cita ocasional en los periódicos o en alguna otra publicación interna. El hecho haber sido publicado es el reconocimiento de su erudición y por tanto prueba que su estrategia está funcionando. Una persona que practica el Chan de los Ángeles cree que conocer algo es lo mismo que ser ese algo, como por ejemplo el saber sobre gramática le hace a uno un gramático o saber sobre serpientes le convierte a uno en un herpetólogo, así deduce que el saber algo sobre el Dao le hará Inmortal. Su saber es tan preciso y exhaustivo que se siente justificado a la hora de rechazar cualquier cosa que se encuentre detrás de este conocimiento - la experiencia espiritual - considerándola falsa o defectuosa. Mostrando una expresión de profundo conocimiento interior y cierto aire de benigna condescendencia, un Ángel - el cual nunca ha experimentado personalmente más de cinco minutos de verdadera meditación - intentará presentarse como un ente iluminado. Pero si se le utiliza para algo más que para la decoración de una ventana, puede resultar peligroso espiritualmente. Para aquellas pobres personas (gente que no reconoce el concepto ontológico cuando lo ve) que busquen discutir una visión estática del Buda que han tenido durante toda una hora de profundo samadhi, el Ángel probablemente les asegurará que han tenido una simple alucinación en lugar de una experiencia espiritual. Además, advertirá a la pobre víctima de que semejantes vuelos de la imaginación son bastante perniciosos y por tanto ha de evitarlos. Aunque pueda parecer increíble, en el Zen Japonés - pero no en el Tibetano o en el Chino - los Ángeles han conseguido estandarizar su consejo: "Si durante la meditación llegas a ver a Buda, escúpele en la cara y así desaparecerá". En fin... El Chan de los Fantasmas Hambrientos: Un Fantasma Hambriento es una persona que fervorosamente desea cosas que le será imposible usar. Si tuviera que cazar un Smorgasbord para satisfacer su hambre, en cuanto tenga la primera ración delante de él, descubrirá que no se la puede comer; sin embargo, eso no le impedirá volver a cazar un segundo, un tercero, o más aún. Al buscar una razón que justifique esa incapacidad para ingerir la comida, nunca se investigará a sí mismo. Simplemente echará la culpa al recipiente, a los ingredientes o al chef, hasta el próximo intento. Este tipo de persona se le suele describir como alguien con una barriga llena de deseos y un cuello demasiado estrecho como para dejar pasar a la satisfacción. De la misma manera en que un numismático no puede utilizar ninguna de las muchas monedas que colecciona para comprar el periódico, o un filatélico nunca podría pegar uno de sus sellos para hacer un envío, así en el Chan un Fantasma Hambriento colecciona técnicas para alcanzar estados alterados de la conciencia, pero ninguna le ha servido para elevar la suya más de un centímetro de su posición actual. Sus deseos son tan intensos que para satisfacerlos no considera nada demasiado idiota, extraño o peligroso. Llegará a tomar drogas, escalar montañas, flotar en tanques de aislamiento, explorar desiertos, sentarse en cuevas, apoyarse sobre su cabeza, cantar, jadear, llevará gorros piramidales, se dejará hipnotizar, consultará la tabla de la guija, las cartas del tarot, y se unirá a los más estrafalarios cultos que uno se podría imaginar. Comienza cada nueva empresa con un enorme entusiasmo; pero si después de leer unos cuantos libros, acudir a algunas reuniones, o practicar unas pocas horas, no ha llegado a experimentar el satori, pasa a hacer cualquier otra cosa. Si nos lo encontramos en enero, nos dirá que se ha apuntado a un curso de yoga. Para cuando llegue junio, habrá elegido una aproximación más científica y por ello estará tomando lecciones de biofeedback. En diciembre se habrá vuelto un novicio en un monasterio Chan donde el lunes habrá decidido dedicar toda su vida a recitar los nombres de Buda y el martes se ha comprometido a pasar años de meditación silenciosa, y para el miércoles estará paseando por los jardines musitando las posibles soluciones a un koan al que le ha hecho la promesa de toda una vida de análisis - si esto es todo lo que se necesita; pero, por supuesto, el jueves descubre que todo lo que se requiere para alcanzar el Nirvana es practicar el vacío mental y por tanto se ha entregado a una eternidad de vigilancia. Una y otra vez intenta una cosa tras otra. Pronto habrá almacenado una envidiable colección de libros y recibe por correo tal cantidad de publicidad internacional que los empleados de las estafetas de correos y los coleccionistas de sellos le reverencian. Con el paso de los años se convierte en aquello en lo que realmente - en su corazón - intentaba ser: un compendio de esoterismo, un catálogo de técnicas, una enciclopedia de creencias, un libro sobre lo oculto, y una antología de prácticas religiosas. Teniendo tanta información a su alcance, se le llega a considerar un experto, una 'referencia'. Y si en alguna ocasión ha hecho un donativo a una organización religiosa, se considera con derecho a discutirla con la misma autoridad que uno de sus miembros. Y por supuesto siempre está dispuesto a compartir sus conocimientos, precisamente porque tiene ese entusiasmo peculiar de todo coleccionista de ofrecer información, opiniones, referencias, consejo y digresiones anecdóticas. Esta es su estrategia para obtener atención y status. En el bazar de la religión, el Fantasma Hambriento es el propietario de un popular kiosco. Ofrece conocimiento disfrazado de intimidad, lo superficial aparece tan solicitado como lo profundo, y todo en una increíble variedad. El Chan del Demonio: Este es el Chan de las apariencias. El Chan de los Impostores. Aquellos que lo practican protestarán vehementemente por el cargo, pero esta gente simplemente se hacen pasar por personas religiosas. Criminalmente vanos y sin una mota de cerebro, los Demonios todavía creen que la apariencia es lo que cuenta. Se suscriben sin reservas al dicho del sastre, 'La vestimenta hace al hombre'. El nombre de 'Demonio' viene del desgraciado infierno en el que se encuentran cada vez que son forzados a permanecer largos periodos de meditación sentados en silencio. No saben sacar mayor partido a la meditación que a los trabajos manuales. Las procesiones y las ceremonias son sus fuertes; y se preparan para tales ocasiones con mayor solemnidad y fastidio que el requerido para un acto de Hara Kiri. Aunque la satisfacción que obtienen de la religión está siempre limitada por su aspecto exterior, nunca es poca la satisfacción. Todos sabemos qué se siente al experimentar un ataque de placer cuando alguien nos ve llevando ropa en la que nos encontramos particularmente atractivos. También sabemos que ese ataque se intensifica si las ropas dan a entender la pertenencia a un grupo de élite, en el cual ni en sueños nos incluiríamos de tener que hacerlo desnudos. Da igual que no podamos recorrer una milla corriendo en menos de dos horas, un conjunto de ropa para correr bastante caro y unas zapatillas de deporte dejarán claro que somos unos serios atletas. Aunque sepamos con certeza que Shangri-La es un puerto marítimo en el sureste de China y que el Hilton asociado a él es un hotel del lugar, sólo necesitamos ponernos un jersey de cuello alto y una chaqueta de lana con parches en los codos para poder ser considerado correctamente como un intelectual de campus. Con la misma falsedad se pueden llevar las túnicas Budistas; aunque tengamos la humildad de un golfo del sur del Bronx y su misma naturaleza compasiva, una toga negra proclamará que de hecho poseemos tales buenas virtudes. Aunque estemos tan sexualmente restringidos como un alce en celo, una sotana convencerá al cínico más pícaro de que somos prácticamente vírgenes. Podemos ser tan retorcidos y manipuladores como para no poder comprar un sello de correos sin recurrir a intrigas Maquiavélicas, sin embargo unas pequeñas babuchas de tela declararán sin lugar a dudas nuestra simplicidad. No importa si la persona que practica el Chan de los Demonios abraza la vida religiosa debido a que está compensando una naturaleza malvada, o si no es venial del todo, sino meramente necio y está simplemente hinchándose con los remedios de la religión. De hecho puede estar tan desprovisto de contento como los maniquíes de un escaparate, que son su fuente de guía e inspiración. No se creerá una simple sílaba de credo o sentirá un único latido de amor o pena por cualquier ser vivo excepto por él mismo, aunque, deje que se vista adecuadamente y llevar una expresión piadosa y éste encontrará su naturaleza y significado en las miradas de aprobación de todo aquel que lo observa. Estos son los tipos que habitan los seis mundos del Samsara. A partir de todo esto puede parecer que un monasterio es el último sitio en el mundo donde uno se esperaría encontrar a una persona genuinamente religiosa; pero en verdad, podemos encontrar muchos santos en semejantes lugares. Pasan entre nosotros sin ser proclamados con tambores o trompetas. El sonido que hacen es lo que San Juan de la Cruz denominó 'música silenciosa', y nos tenemos que esforzar para oírla. En el Chan, nada se consigue sin la atención. Estas son, por tanto, las seis estrategias básicas de supervivencia tal como se encuentran en la vida religiosa. Para ver estos tipos del Samsara tal como existen en el mundo seglar vamos a imaginarnos que en una sociedad imaginaria las mujeres fueran obligadas a casarse a los dieciocho años de edad. Una mujer madura y razonable que está auténticamente enamorada tiene una buena posibilidad de entrar en una unión permanente con su marido; pero aquellas mujeres cuyo matrimonio no está tan santificado responderán probablemente a este evento traumático de acuerdo con los tipos anteriores. El Fantasma Hambriento iniciará una serie de relaciones temerarias; el Demonio pretenderá ser una esposa adorable mientras que en secreto despreciará el papel y, presumiblemente, a su marido; el Ser Humano se aprovechará del compañerismo para fusionar valores, diversificar beneficios e inversiones, y organizar parejas de tenis. El Titán se martirizará a sí misma; el Animal se someterá pasivamente a su destino; y el Ángel se unirá a la Junior League y a la Sociedad Sinfónica, seguirá cursos de Educación Continua y en un tiempo record emergerá como una de las jóvenes matronas y líderes de la sociedad. El RECORRIDO DE LOS 6 MUNDOS
La técnica que usa Shaka no te "mata" sinó que te manda directamente a tu proxima vida (que práctico). En todo caso, Shaka llama a los Caballeros de Bronce "fantasmas hambrientos" y cuando lanza su técnica contra Ikki lo manda al mundo de los Ashura (el Infierno). Cuando ejecuta el Rikudô Rinne, Shaka toma la postura clásica del Sakyamuni. La mano derecha efectúa el abhaya-mudra (mudra de la pacificación de los temores) y la mano izquierda el varada-mudra (mudra del cumplimiento de los deseos). Como ya debéis saber, este ataque “hace caer” de forma puramente mental a la víctima en uno de los 6 mundos o estados contemplados por el budismo en el Meikai, "son seis estados de nuestra mente, o de nuestras actitudes y vida corriente, que nos mantienen en la rueda del Samsara (sufrimiento sin fin)" : el mundo infernal (Jigoku-kai), (también conocido y llamado Makai), el mundo de los demonios hambrientos (Gaki-kai), el mundo de las bestias (Chikushô-kai), el mundo de los guerreros o las guerras (Shura-kai), el mundo de los hombres (Jin-kai) y el mundo de los Deva o Paraíso (Ten-Kai). La victima cree estar alli en función de sus diferentes pecados y “cae en el infierno de los remordimientos” hasta su propia destrucción. Circunstancia que explica porque Shaka está inmunizado y que se corresponde con el concepto budista de Metempsicosis, es decir las reencarnaciones que sufren los hombres en función de los actos que han cometido en sus vidas precedentes. Los seres humanos comunes se reencarnan en seis mundos que globalmente se llaman el Meikai (mundo de la errancia). Todos los seres están atrapados en el circulo del sufrimiento (Samsara), círculo de muerte y renacimientos que sólo romperán alcanzando la iluminación. Hay seis estados en ese ciclo, los tres inferiores se llaman “los tres malos caminos” o “tres malos estados” (San’akudô), con karma negativo, donde son enviados aquellos que han cometido malas acciones, son : (1)
Jigoku-kai, (el mundo infernal), Seres en el infierno;
Beings in Hell. (Naraka-gati en Sánskrito) (japonés: jigokudou;
en saint seiya, shaka usa la palabra jigokukai.. 'kai' significa 'mundo,
por lo que jigokukai significa mundo jigokudou...) es el peor y más
bajo reino, caracterizado por la tortura y agresión. Aquellos que
han cometido malas acciones, actos nefastos en vida, son enviados a ese
mundo donde los demonios los torturan eternamente. Los tres estados superiores, con karma positivo, son : (4)
Shura-kai, (el
mundo de los Asura o guerreros), Asuras; Ashura.
(Asura-gati en Sánskrito) (japonés: ashuradou; shaka: ashurakai)
el reino del odio, celos y guerra constante, es el mundo de los Asura
(Ashura) son semidioses, divinidades guerreras, seres semi-bendecidos;
son poderosos, fieros y peleones; como los humanos, son en parte buenos
y en parte malvados, en este mundo se combate sin cesar. NOTA IMPORTANTE: Este tema es mucho más complicado. En el Budismo hay actualmente 28 formas de existencia en 3 reinos. Tras la muerte, todos los seres de los seis reinos renacen en un reino inferior o superior dependiendo de sus acciones en vida. Entre los seis, sólo los humanos pueden alcanzar la iluminación, para los Deva –a quienes se les concedió una vida larga y feliz como premio a sus buenas acciones pasadas, están bloqueados por su gran felicidad y no reconocen la verdad del sufrimiento. Los Deva automáticamente usan su buen karma tras unos pocos años en el paraiso y caen una vez más en el estado inferior. No existen diferencias esenciales entre las varias formas de vida, tan sólo una variación kármica o de grado, pero el hombre es el único capaz de alcanzar la iluminación, razón por la cual el Budismo estima más la existencia humana que la de los dioses. El reino de los asuras es un reino de demonios. Aquellos espíritus, que residen en ese reino, aunque practicaron el bien, a la vez han andado en malos caminos. Por lo tanto, no califican como espíritus rectos y sólo pueden ser llamados demonios o espíritus maliciosos. El reino de los asuras es el reino más complicado. Los demonios también tienen poderes sobrenaturales. La mayoría de las perturbaciones que ocurren en la tierra son causadas por demonios. Ninguna fuerza mala podrá arraigarse en el corazón de alguien que mantiene su espíritu en lo recto. El que alberga pensamientos impuros, corre el peligro de que una fuerza maligna encuentre abierta la puerta de su corazón y entre. Se produce un "desequilibrio espiritual", cuando una fuerza negativa logra penetrar en una persona de pensamientos impuros. De acuerdo a los textos budistas, aquellos que cometen las Diez Faltas tienen que descender a los tres reinos más bajos que comprenden los infiernos, el reino de los espíritus infelices y el de los animales. Aquellos que realizan los Diez Actos Virtuosos renacerán en los cielos o como seres humanos. Con "cielos" nos referimos al reino de los dioses. Ese reino es el lugar de los espíritus rectos que acumularon méritos buenos. Sin embargo, aunque se disfruta de buena fortuna en ese reino, llegará el día en que esto se acaba. Incluso, alguien ha llegado al llamado cielo "sin pensamientos obstruyentes" o "libre de pensamientos", que es el cielo más alto dentro de los Tres Mundos, todavía tiene que pasar por la transmigración. Asimismo, Shaka nombra como sitio más peligroso al Cielo (o sea, donde reencarnas como un Dios Hindú), eso es porque a pesar de que el budismo no niega la existencia de dioses, no les atribuye ninguna importancia especial. La vida de los dioses en el cielo es larga y apacible, aunque están sujetos a los mismos problemas que puede tener cualquier otra criatura, por lo que están expuestos a una eventual muerte y a una futura reencarnación en un estado de existencia inferior. No son los creadores del Universo, ni tampoco controlan el destino de la humanidad, por lo que para el budismo, el rezar o hacerles sacrificios no tiene ninguna utilidad. De las distintas modalidades de reencarnación, la humana es la mejor, porque las deidades están tan absortas en sus propios placeres que pierden de vista la necesidad de redención. Por lo tanto, la posibilidad de ser un iluminado es válida sólo para los seres humanos. Es muy difícil llegar a ser un dios (también llamado deva), pero también es difícil nacer como un ser humano. En el mundo actual, lleno de deseos sensuales, es muy fácil descender a los reinos de los infiernos, de los espíritus infelices y de los animales. Incluso los que practican la bondad y no se cuidan pueden caer fácilmente al reino de los asuras. El renacimiento dentro de los Seis Reinos responde a la fuerza kármica de cada persona. De este modo queda determinado el destino de cada uno: Cosechamos lo que sembramos. Mientras se pertenece a los Seis Reinos de Transmigración, no se alcanza la liberación última. Dentro de los Seis Reinos se experimentan toda clase de sufrimientos, como nacer, pasar por la vejez, sufrir enfermedades, morir, sufrir debido al odio, perder seres queridos, sufrir frustraciones y apegarse a los Cinco Agregados. Realmente, los Seis Reinos de Transmigración se caracterizan por el sufrimiento y se puede decir que vivir en ellos es como vivir en un océano de sufrimientos. De acuerdo a lo que dice el Shastra sobre la Liberación, la disciplina, la meditación y la sabiduría son el camino para alcanzar la liberación. Sujetarse a la disciplina significa manifestarse siempre de una manera equilibrada y tranquila. Esto es la fuente para la práctica del bien. Los que practican la meditación tienen la mente libre de perturbaciones. Los que poseen sabiduría, saben mirar más allá de las apariencias. La liberación significa que uno se suelte de las ataduras. La disciplina es el fundamento de la virtud, la meditación es el nivel intermedio y la sabiduría es la virtud última. Cuando practiquemos de esta manera, lograremos una mente concentrada. Una mente concentrada sirve para que podamos trascender el sufrimiento hasta finalmente lograr la liberación de los Seis Reinos de Transmigración. Técnicamente hablando, según el budismo, el camino del infierno a la iluminación cubre diez etapas (los llamados 10 mundos), no seis. Shaka es la reencarnación de Buda. Puede adivinar y preveer el futuro estudiando profundamente, puede tener una visión global, hace sus deducciones sobre las personas por su aspecto exterior y logra descifrar su interior. Es capaz de desplazarse en el tiempo y en el espacio, por ello el resto de miembros del Santuario reconoce su superioridad por ese poder. El deseo crea apego y éste ata a la existencia, fomenta la ilusión del yo y sume a los seres en un estado de ignorancia en que no reconocen la naturaleza de su mente y que los condena a vivir en el samsara. El Karma (o Karman; en jap. Gu ou Gyo) significa "Ley del acto". Es la suma de los actos de una vida terrestre que determinan las condiciones buenas o malas del renacimiento, cada acto, bueno o malo, tiene consecuencias sin fin en la vida de un ser, por sus actos y esfuerzos el hombre puede actuar en cierta medida sobre los efectos futuros de los actos que cumple en su existencia presente. Las acciones pasadas forman la realidad presente y las acciones presentes determinan el futuro y el proceso del Samsâra (ciclo de renacimientos). El objetivo del budismo es superar esa ley de causalidad. El Samsara es la creencia en la transmigración sin fin de los seres, constituye el dogma central del pensamiento filosófico y religioso de la India, ya sea brahmanica o búdica… determinado por el Karma, corolario obligado de la transmigración de las almas, el Samsara resulta del encantamiento perpetuo de causas que producen efectos ilimitados, condenando al ser a incesantes renacimientos… la entrega a este proceso resulta del “agotamiento” del Karma, tradicionalmente comparado a una rueda que privada de nuevos impulsos deja definitivamente de girar... Ikki reconoce que todo lo que ha experimentado hasta ahora tan sólo son ilusiones elaboradas, por lo cual rodea con sus brazos a Shaka y ambos desaparecen justo con la “realidad” que Shaka creó. Como Ikki está motivado por el amor fraternal que siente hacia su hermano pequeño (y también el amor que sentía hacia Esmeralda) opta por el deseo de salvarle la vida (compasión) cada vez que está en graves aprietos, en vez de odiar al mundo entero y destruir todo a su paso. Ikki pasó la prueba de Shaka. Y Shaka regresa junto con Ikki al mundo real. Ahora Ikki se dedicará él mismo a la compasión y a luchar por la justicia para ayudar a aliviar el sufrimiento de las personas. Por este incidente, Shaka purifica los últimos rastros de la maldad del alma de Ikki.
Los
sentidos y el Arayashiki
Este "fondo-âlaya" es considerado como aquello que pasa por el ciclo del nacimiento y de la muerte, y forma el marco del existencia individual. Todos los actos y todas las experiencias de la vida que pasan por los siete primeros niveles de conciencia son acumulados como Karma en este fondo-âlaya que, a su vez, influye sobre el funcionamiento de la otra conciencia, mantiene que todos los fenómenos proceden de la conciencia âlaya y que ella constituye pues la única y sola realidad. Las nueve conciencias son nueve clases de discernimiento, el término "conciencia" es la traducción de la palabra sánscrita "discernimiento". Se trata: la conciencia
visual (chakshur-vijnana) En efecto, el hombre poseeria ocho conciencias (o nueve, según las escuelas). Las cinco primeras conciencias corresponden a los cinco sentidos (la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto), la sexta es la conciencia “mano” que mueve el espíritu y el pensamiento, integra las percepciones de los cinco sentidos en imágenes coherentes y evalúa el mundo exterior, y la séptima es la conciencia “mano” que es la fuente del amor propio y que hace errar en las seis vías o mundos (se corresponde al Séptimo sentido de Sanit Seiya). A diferencia de las seis primeras conciencias que se refieren al mundo exterior, la séptima conciencia discierne el mundo espiritual interior, el autoconocimiento y el compromiso a uno mismo tendrían su origen en ella, al igual que la capacidad de distinguir entre el bien y el mal. La octava conciencia, la conciencia alaya, es la conciencia receptáculo que es la base de la existencia humana. Forma al individuo almacenando todas sus experiencias, se considera como la base de todas las funciones vitales. La novena conciencia, la conciencia amala, situada a un nivel más profundo, está exenta de toda impureza karmica de la que puede mancharse la conciencia âlaya. Esta novena conciencia se define como la base de los todas las funciones espirituales y corresponde a la verdadera entidad de la vida, al estado de "buda" ("despertado" en sánskrito). Vista la manera en que Kurumada hace referencia a los acontecimientos "karmicos" ("de la época mitológica", más la anterior encarnación de Seiya, el que hirió a Hades por primera vez) en el último volumen del manga, parecería que sería la base que el autor eligió para los sentidos en StS.
Dohko de Libra: "La conciencia araya (arayashiki), es el octavo de los nueve
niveles de conciencia, el octavo sentido que todos los humanos poseen
desde su nacimiento. Desgraciadamente, el octavo sentido descansa en un
lugar más profundo del cosmo que el séptimo sentido. Asi que usualmente
uno muere sin saber su poder, cuando mueres, todos tus sentidos desaparecen
y aparece el octavo sentido." Como el 9º sentido (que aun no ha sido oficialmente presentado) sería el sentido de dioses (en líneas generales, un humano que posea el 9º sentido, se convierte en dios) por eso se dice que Shaka es el hombre más cercano a los dioses. El 8º y 9º sentidos no tienen nada que ver con el poder combativo sino con el concepto de despertar. El 8º no vuelve al individuo más fuerte sino que le permite no ser influido por la muerte y de viajar al reino de Hades sin volverse uno de los residentes. El 9º sentido destaca el aspecto divino. Convertirse en un Dios, hace referencia al Big Will del Hipermito y es un despertar, una conciencia divina y en consecuencia el hecho de no ser ya uno de los mortales. Resumidamente no hay ningún elemento de poder en estos 2 sentidos sino que se subraya simplemente un despertar. Es el 7º sentido el que determina antes la potencia.
“El
aura de un guerrero es el resultado de su propia conciencia, su voluntad,
su condición física... en verdad todos estos elementos son
importantes, pero la base de la cosmoenergía, el elemento final
que determina la fuerza última de un caballero es.... el séptimo
sentido.” Mu explica a los caballeros de bronce que existe el llamado 7º sentido, una percepción que engloba a los 5 del hombre ordinario (vista, gusto, tacto, olfato y oído) más el sexto de la intuición, y les permite controlar la fuerza del último cosmos. Es la capacidad de exteriorizar la energía, que al tener un mayor dominio sobre las emociones se multiplica, por medio de la fe y la esperanza. Uno debe descubrirlo por si mismo, para dominarlo se debe hacer abstracción de todos los sentimientos personales y alcanzar la indiferencia. Cuando un santo alcanza este sentido su cosmos es inmenso, este sentido distingue a los caballeros dorados del resto, es la esencia de su poder. Se encuentra muy oculto y escondido en el interior de cada persona y esta muy ligado al cosmos, pero va mas allá de dar otra habilidad, u otra percepción sensorial, permite agudizar y elevar los otros 6 a su máximo nivel y encender el cosmos interior hasta el infinito, cuando se toca y se controla el 7° Sentido, el guerrero tiene pleno control de sus poderes y habilidades, puede combatir a una velocidad lenta o incrementarla en menos de centésimas de segundo. Cuando despierta el 7° Sentido un santo tiene la posibilidad de combatir a la velocidad de la luz, ya que es la máxima equivalencia de velocidad. Los caballeros de oro dominan a la perfección ese sentido, sus poderes son inconmensurables y no tienen nada que ver con sus homólogos de plata y bronce.
Así pues, el Arayashiki no hace inmortal al sujeto que lo despierta, es un sentido que permite un control suficiente del alma propia para que no esté sujeta a la voluntad de Hades cuando se encuentre en el reino de los muertos. Tenemos dos casos diferenciados de despertar al octavo sentido : - Seiya cae en la garganta del Hades y llega al reino subterráneo. Despierta el 8º sentido y guarda el control de su espíritu. Su cuerpo sigue vivo. Se pasea como quiere por el Reino de los Muertos. - Shaka es pulverizado por la Athéna Exclamation. Está muerto, por lo que su alma es enviada al Reino de Hades (es el mismo caso de Atenea que se suicida clavándose la daga), pero despierta el octavo sentido, y su alma no sigue a las otras muertas. Puede actuar con toda libertad. No hace falta conocer el octavo sentido para poder despertarlo, Seiya lo adquiere naturalmente, cae al pozo justo después de recibir las explicaciones de Dohko. El Arayashiki es un término budista, deriva del sánscrito Ca que significa "conciencia del receptáculo", lo que correspondería haciendo un paralelo con el psicoanálisis del inconsciente. Para permanecer en el ámbito del Budismo, el Araya es el receptáculo del karma, de todo lo que define a un ser: lo que se llamaría su destino, sus impulsos, sus recuerdos, sus vidas pasada. Tener conciencia permite una comprensión total de su ser, y empujando el proceso, modificarlo a discreción. La condición humana forma parte del karma, el hecho de que un hombre sea 'dependiente' de su cuerpo físico para creer que es libre también. Se podría llamar Ca una especie de temor traumático de la muerte, grabado en toda forma de vida a su nacimiento. Es ahí cuando el uso del Arayashiki en Saint Seiya aparece: los Santos superan la condición humana que dice que un hombre cuyo cuerpo muere no puede actuar más, superan también el miedo de la Muerte. Al ir más lejos, se podría también decir que los Caballeros de Bronce superan su condición para igualar a los Caballeros de Oro, y que se oponen al destino de Caballero de Bronce. Esa es la esencia del 8º sentido: la capacidad ilimitada de todo humano para cambiar y sobrepasarse. Hyoga en realidad lo prueba frente a Camus, por ejemplo: sobreponiéndose a sus sentimientos y sus límites, mostrando una apertura de espíritu superior a la de Camus frente al Cero Absoluto. El maestro se limitaba a pensar que era imposible, mientras que el alumno se burlaba de saber si era posible o no: debía hacerlo. Es por eso que los Caballeros de Bronce tuvieron que aprender a sobrepasarse para llegar a alcanzarlo, mientras que los Golds que 'nacieron' con predisposiciones al 7º sentido lo lograron con menos esfuerzo. Por contra, en lo que se refiere al 9º sentido... No se ha mencionado nunca en ninguna parte, y si se hace un paralelismo con el Budismo, correspondería al Nirvana... o sea, una fusión tan perfecta con el Cosmos que el alma se consume. Los Dioses tienen pues, exactamente un sentido perfectamente dominado, hasta el punto de poder abrir y vincular sus almas tiene una parte del universo (su concepto en este caso) El 8º sentido no es "haber muerto siendo libre de movimientos en el infierno", tampoco es "estar vivo en la muerte". Tengan en cuenta las observaciones del manga: el 8º sentido, es la facultad de entrar VIVO en el reino de los muertos, y en consecuencia desplazarse por este y volver de nuevo como a cualquier otro lugar, auqnue sea un mundo en el cual se supone se va en general involuntariamente, al morir, en cuyo caso el sujeto no es ya libre de sus movimientos, ni capaz de regresar, sea voluntariamente, en cuyo caso es un suicidio, o una prueba fallada (voy al reino de los muertos, pero como no poseo el 8º sentido eso me mata). Y para responder a la cuestión "cómo los Caballeros han vuelto de nuevo", pues porque no murieron y gracias a su 8º sentido, tienen el poder de volver de nuevo sin quedarse atrapados (lo que habría equivalido a morir). Tengan en cuenta la excepción de Shaka. Es probable, aunque no se está seguro al 100%, que su cuerpo se pulverizó seguramente cuando recibió la Athéna Exclamación... Pues, si no se murió (puesto que posee el 8º sentido y puede volver del infierno sin morir y siguiendo siendo amo de sus movimientos), su cuerpo desapareció, y lógicamente su alma, y solamente su alma, viva sin embargo, se desplazo a los infiernos. Como no tiene en teoría cuerpo, no puede volver de nuevo a la Tierra, puesto que no posee el 9º sentido (que además del hecho de que eso haga del sujeto un Dios, permite reencarnarse, lo que Shaka no sabe hacer, en caso contrario no se vería el interés de sus interrogaciones sobre la muerte que mantiene con Buda...). Así que es una simulación que se haya muerto ante el muro de las lamentaciones, ya que, siempre vive pero privado de cuerpo, habría sido atrapado vivo en los infiernos. Seguimos teniendo el problema de su armadura, que como su cuerpo no debería existir más, pero que viste a Shun un poco más tarde... Esto parece ser, simplemente, una incoherencia. Pero eso es otro debate. Para intentar aclarar este tema del 8º sentido, que no queda a pesar de todo super claro en kurumada, consideremos que hay varios niveles de control del 8º sentido. Hay un nivel donde se roza exactamente este sentido (un poco como cuando los caballeros de bronce despiertan al 7º sentido al principio) donde se ven algunos de sus efectos pero no todos. Y a continuación hay el nivel donde se controla verdaderamente este sentido a la perfección (un segundo nivel). Cuando Milo se enfrenta Seiya y Shiryu les dice esencialmente que aunque despertaron el 7º sentido, no pueden competir con él pues controla este sentido desde años. Lo mismo puede ocurrir con el 8º sentido: no se lo puede controlar a la perfección de una tacada. El primer nivel permitiria ir vivo al reino de Hades. Es este nivel el que alcanzan los 5 bronces, Kanon, Dohko, Orfeo y el trío del Cocytos (Aioria-Milo-Mu) al final. Los espectros, protegidos por Hades, tienen alguna clase de sustituto de este nivel. Resumidamente, con este control del 8º sentido, si se encuentra un acceso al Meikai (tipo pozo del castillo en Alemania) y que se salta dentro, una vez que se habrá llegado con el cuerpo bien vivo en el infierno, uno se podrá desplazar a su voluntad, sin ser sometido a la influencia del cosmos de Hades. Pero esto sólo será válido mientras se esté vivo. Si fueran matados, se aplastaría la voluntad. El segundo nivel es el nivel alcanzado por Shaka gracias a años de meditación y que posee Saori naturalmente gracias a su estatuto de diosa reencarnada. Es el mismo caso que el nivel anterior, excepto que se tiene más necesidad de permanecer vivo para ir al infierno: el alma del individuo es entonces suficientemente potente para guardar el autocontrol e ignorar el cosmos de Hades, incluso sin cuerpo físico. Shaka y Saori son los únicos en suicidarse para acceder al infierno: solo sus almas tienen necesidad de desplazarse (mientras que los otros se ven obligados a encontrar un medio de ir con sus cuerpos). Podríamos pensar entonces que Shaka es simplemente invencible (o que se acerca a mucho) cuando se encuentra en el hades: no pueden matarle ya que ya se murió, no es más que un espíritu. Eso explica seguramente la arrogancia (a priori desproporcionada) de Shaka frente a Hades: él sabe que no arriesga nada o casi nada, mientras que en cambio eventualmente puede matar el cuerpo de empréstito de Hades (y en consecuencia forzarlo a incorporarse a Elysion donde pueden matarlo definitivamente). En cambio, si Saori como diosa es capaz de reinstalar y restablecer su cuerpo (véase tenkai), Shaka habría sido incapaz: terminó completamente su vida en el jardin de los árboles gemelos twin sal y tomó la decisión de morir más para dar a Atenea mayor oportunidad de triunfar. Delante del muro de las lamentaciones, se tienen tres grupos distintos: los que tienen aún un cuerpo (el trío del cocyt y dohko, que van pues a morir en ese momento), Shaka que no tiene cuerpo pero no tiene necesidad, y finalmente los otros, que gracias a una fuerza de voluntad (y quizás a un efecto de grupo) llegan a desarrollar su 8º sentido, al mismo nivel que Saori y Shaka (aunque sólo temporalmente, un poco como cuando los bronces encienden su 7º sentido al máximo). Hay pues que arder su cosmos al máximo para destruir la pared, lo que tiene como efecto matar los que estaban aún vivos y destruir incluso sus almas. Y al respecto, sus almas debilitadas serán capturadas y encarceladas por los Dioses del Olimpo (véase Tenkai). Resumidamente he aquí una manera de ver las cosas que puede satisfacer ya que parece coherente con lo que se ve en el manga, pero que no imponemos a nadie. Concepto
budista de la muerte Como filosofía, el budismo siempre ha enfatizado la importancia de confrontar abiertamente la realidad de la muerte. La muerte, al igual que la enfermedad y el envejecimiento, se define en el budismo como uno de los sufrimientos fundamentales que todas las personas deben encarar. Debido a este énfasis, el budismo se asocia en ocasiones con una perspectiva pesimista de la vida. Pero realmente es todo lo contrario. Ya que la muerte es inevitable, cualquier intento de ignorar o evitar este tan básico "hecho de la vida", nos condena a un modo de vida superficial. Una clara conciencia de la naturaleza de la muerte y su comprensión correcta pueden permitirnos vivir con fortaleza, sin miedo y con claridad en nuestros propósitos y alegría. El budismo considera el universo como una inmensa entidad viviente en la cual los ciclos de vida y muerte individuales se repiten sin cesar. Nosotros experimentamos estos ciclos todos los días, en los millones de células que componen nuestros cuerpos y que mueren y se renuevan por medio de la sustitución metabólica. La muerte es, por consiguiente, una parte necesaria del proceso de la vida ya que hace posible la renovación y el crecimiento. Al morir, nuestras vidas retornan al vasto océano de la vida, tal como la cresta de una ola que muere poco a poco volviendo a la totalidad del mar. Por medio de la muerte, los elementos físicos de nuestros cuerpos, así como la fuerza vital fundamental que sustenta nuestra existencia, son reintegrados y "reciclados" en el universo. Idealmente, la muerte puede ser experimentada como un período de descanso, como un sueño revitalizador posterior a los esfuerzos y dificultades del día. El budismo afirma que existe una continuidad persistente en todos los ciclos de vida y muerte; que nuestras vidas son, en este sentido, eternas. Nichiren escribió: "Cuando examinamos la naturaleza de la vida con perfecto esclarecimiento, encontramos que no existe un comienzo marcado por el nacimiento y, por consiguiente, no existe un final marcado por la muerte". En el siglo V de la era actual, el gran filósofo indio Vasubandhu, desarrolló la "enseñanza de las nueve conciencias", la cual proporciona una comprensión detallada del funcionamiento eterno de la vida. En este sistema, los primeros cinco estratos de la conciencia corresponden a los sentidos de la percepción. El sexto estrato de la conciencia involucra la capacidad de raciocinio y la habilidad de interpretar la información suministrada por los sentidos. El séptimo estrato de la conciencia se conoce como la conciencia mano. Este estrato corresponde al subconsciente que se describe en la psicología moderna y es en donde reside nuestro sentido profundo del ego. En una capa más profunda, se encuentra la octava conciencia, o alaya. Este estrato de la conciencia contiene la energía potencial, tanto positiva como negativa, creada por nuestros pensamientos, palabras y acciones. Esta energía potencial, se conoce como el karma. Una vez más, contrario a ciertas suposiciones, el budismo no considera al karma como algo fijo e inalterable. Nuestra energía kármica, la cual describen los textos budistas como el "caudal de pasión" de la conciencia alaya, interactúa con los otros estratos de conciencia. Es en este más profundo nivel que los seres humanos ejercen influencia sobre unos y otros, sobre su medio ambiente y sobre toda vida. La continuidad de la vida se mantiene en este nivel (alaya) de la conciencia, a través de los ciclos del nacimiento y la muerte. Cuando morimos, la energía potencial que representa la "hoja del balance kármico" de todas nuestras acciones -creativas y destructivas, egoístas y altruistas- continúa fluyendo en la conciencia alaya. El karma es lo que da forma a las circunstancias en las que la energía potencial de nuestras vidas se llega a manifestar nuevamente, al nacer como un nuevo individuo. Finalmente, está el noveno nivel de conciencia. Este es el origen mismo de la vida cósmica, la cual abarca y sustenta, incluso, la función de la conciencia alaya. El propósito de la práctica budista es estimular y despertar esta conciencia fundamentalmente pura, la conciencia amala, o sabidur&ia |